Espejismos Laguneros

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

EL NACIONALISMO, en una de sus muchas definiciones, se refiere al amor del individuo por la patria. El sistema capitalista lo considera un factor negativo para el estado neoliberal.

El patriotismo es percibido por muchos pensadores como la aceptación de los ciudadanos de los valores patrios: cultura, tradiciones, historia, los cuales motivan admiración y respeto por la nación.

Sin embargo, la globalización económica, que impone el capitalismo salvaje, requiere que los ciudadanos tengan un mínimo de identidad nacional.

Sin esa consciencia el empuje de luchar por la democracia está ausente. Entonces, los principios de justicia individual y social son débiles o inexistentes.

Los imperios de la antigüedad nos recuerdan el adagio “El poder corrompe”. La historia nos permite saber de los excesos de gobiernos autoritarios. Desde los jefes de clanes, reyes, gobernantes dictatoriales y

gobiernos supuestamente “democráticos”, su característica ha sido, y es, la rapacidad.

En la antigüedad el carisma, el convencimiento mediante la demagogia o la retórica; la amenaza o la fuerza bruta, eran procedimientos utilizados para subyugar a los pueblos. Los emperadores afirmaban ser descendientes de entidades divinas. Los reyes decían ser elegidos de dios para ocupar el trono.

El avance científico y tecnológico en el siglo pasado y el actual ha sido considerable. Muchos de sus descubrimientos han sido incorporados a los medios de comunicación masiva. La sociedad ha sido sometida al fuerte influjo de la propaganda, cuyo propósito ha sido afianzar en el poder a grupos que pretenden el dominio total.

Quienes gobiernan al mundo han aprovechado y abusan de los conocimientos de las disciplinas que estudian al ser humano. Esos descubrimientos han hecho de la propaganda un arma efectiva para manipular a las masas. Aunque no se ha abandonado el engaño y la fuerza bruta.

La democracia está en desventaja ante el capitalismo salvaje, pues cuenta con enorme poder económico, político, militar, eclesiástico, legislativo y propagandístico.

El pueblo sólo posee el anhelo de una verdadera educación, la cual promueva, acreciente y fortalezca la identidad nacional, el orgullo patrio y el anhelo de libertad y justicia social.

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