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Epicureísmo con pico de gallo

Mis 20 años de vida me hacen deducir que el ser humano es la cortesana favorita del azar. Tu madre te da a luz y el simple hecho de haber nacido en un país llamado México te hace acreedor a tener un 56.7% de probabilidades de nacer en un hogar marginado. No llevas ni siquiera 5 bocanadas de aire y una parte considerable de tu destino en cuestión socioeconómica ha sido forjado. Sí, es cierto que nuestro actuar individual en la vida impacta el desarrollo de esta (sobran los ejemplos de deportistas, políticos y empresarios que nacieron en un hogar pobre y terminaron en la cúspide de la pirámide socioeconómica), empero las estadísticas socioeconómicas establecen que en general impacta más la circunstancia en la que existe un humano que él per se.

Si lo anterior parece ser una realidad, ¿cómo puede un mexicano promedio enfrentarse a constantes bombardeos audiovisuales (los cuales tienden a representar realidades que sólo son propias de los segmentos de población económicamente mejor acomodados) de parte de los medios de comunicación (televisoras, redes sociales, etcétera) sin perder la razón?

Desde hace décadas el mexicano consume entretenimiento que es incompatible con su realidad y debe de ser cuando menos frustrante el saber que existen circunstancias materiales e inclusive sentimentales a las que jamás podrá acceder (desde los videoblogs de la persona que posee un vehículo que vale más que tu vida hasta la pareja amorosa que proyecta un amor idealista).

Este columnista conoce una actitud (no es la única) interesante para enfrentarse a la realidad mexicana, la vida que está plagada de problemas estructurales, el mundo injusto y voraz: El epicureísmo mexicano.

A grandes rasgos, el epicureísmo es un movimiento filosófico milenario que “tiene por objeto la búsqueda de la felicidad a partir del equilibrio de los placeres y la eliminación de los temores que causan ideas como el destino, los dioses o la muerte”. No pretendo decirle a nadie cómo debe vivir su vida, pero lo que sí espero es compartir una óptica de vida distinta a lo que estamos acostumbrados ver, sí, me refiero a ese hedonismo vulgar del que muchas personas son presas, ese hedonismo que limita a millones de seres humanos a buscar el placer meramente en cuestiones materiales.

Perseguir a lo largo de la vida un estado de ataraxia y aponía, enfocarnos en cuestiones más trascendentales y menos corrientes parece ser una tarea más prudente que supeditar tu bienestar a la adquisición de cuestiones materiales.

Es un error buscar una guía para seguir el epicureísmo mediante determinadas acciones y más que nada es menester comprender la esencia de esta corriente filosófica y tomar las acciones más pertinentes según cada uno de los casos.

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