Entre mentiras y verdades a medias se oculta la desinformación

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

La desinformación es el arma que más utilizan los poderes político y económico para controlar a las masas y manipular a la sociedad, sobre todo en países donde la ética está ausente en el quehacer de los medios de comunicación masiva. La eficiencia conque la maneje el estado, o las corporaciones, será el grado de sometimiento que permita o soporte el grupo social.

Esta influencia se vuelve más visible en la guerra por el poder. Es evidente en las naciones donde se aplica el neoliberalismo, método socioeconómico que debilita el marco legal y entonces puede apoderarse de influencias sociopolíticas y económicas. Es la posición perfecta para la enajenación mental, la cual coadyuva a mantener en el poder a personas sin moral.

Y así surge la pregunta: ¿por qué los medios de comunicación están alejados de la sociedad, sobre todo de las clases media y baja, sectores más necesitados del respaldo del gobierno? La respuesta es sencilla, pero difícil de captar por una sociedad que desconoce los laberintos de la política: son negocios, y los negocios deben dar altos dividendos.

Existe una cuasi explicación psicológica del por qué se acepta con indiferencia la información falaz. Casi todos los individuos poseen un ego muy grande, mismo que impide la aceptación de haber sido engañado y opta por fingir no hubo artificio. Resulta más sencillo negar la existencia de alguien más listo. De lo contario sería aceptar ser fácil víctima de una argucia.

La principal premisa del capitalismo salvaje es obtener la mayor ganancia con una inversión mínima, así como deshacerse de cualquier obstáculo utilizando los medios disponibles, sean legales o no. Este método socioeconómico también es conocido con el eufemismo de neoliberalismo y utiliza todas las formas conocidas para conseguir impunidad a sus acciones depredadoras.

La manipulación informativa se practica libre, sin impedimento alguno. La indiferencia social, así como la impunidad de que gozan algunos medios, incluidos reporteros y propietarios sin ética, la colocan fuera del alcance de la ley. La explicación es que mediante el chantaje y el encubrimiento han obtenido grandes botines con los cuales pagan a jueces venales.

Esta práctica es conocida, igual que la corrupción. Y no se rechaza, mucho menos se procede jurídicamente. Su poder es grande y todo lo avasalla. Su influencia mediática abarca todos los sectores sociales. Por supuesto, estos medios no llegan a la población marginada de zonas urbanas y rurales.

No se puede hablar de desinformación sin aludir el tema educativo. Un pueblo sin conocimientos académicos y escasa cultura es imprescindible para que haya un gobierno autoritario, dictatorial o plutocrático. El analfabetismo, o el semi-analfabetismo, son indispensables para subyugar a cualquier sociedad.

Por ello, los conservadores no quieren a un pueblo educado. Cuando existe, sus miembros defienden todos y cada uno de sus derechos cívicos y humanos. Esta consciencia de su rol de ente productivo, de su importancia en la economía nacional, así como su preparación académica, le posicionan en un nivel capaz de percibir y rechazar las deficiencias y abusos del gobierno y otros poderes fácticos.

Así pues, la libertad, la democracia y la justicia social se vuelven características de una nación con un sistema político benévolo. Esas son condiciones que se necesitan para la práctica del periodismo veraz y la existencia de una opinión pública informada. De no es así, entonces la desinformación campea en la sociedad y la democracia enfrenta un gran reto.

Una parte medular de la desinformación son factores como la mentira, medias verdades, tergiversación o el ocultamiento de datos, los cuales podrían dar una verdadera imagen de los acontecimientos. Cuanta mayor sea la distancia entre la sociedad y la verdad, es menos factible se trate de utilizar la objetividad para entender el entramado de la vida cívica.

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