El Parque del Cañón de Fernández: Tesoro Nacional en peligro de extinción

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POR: Irma Bolívar Ayala

No se cuida lo que no se conoce y si lo conocemos nuestro deber es hacerlo… No es obligación, es una necesidad de la comunidad lagunera cuidar y preservar el parque natural del Cañón de Fernández, el único río vivo que queda del padre Nazas que con sus 17 mil hectáreas nos engalana con su bello bosque de galería que resguarda árboles milenarios como los ahuehuetes, huizaches, mezquites, álamos, sauces y su enorme fauna silvestre que en conjunto suman más de 500 especies, unas en peligro de extinción. De mi infancia y adolescencia atesoro los paseos dominicales que mi padre solía llevarnos hasta ese paradisíaco lugar, la naturaleza viva en su máxima esplendor, donde convivimos con familiares y amigos, subiendo cerros, observando la belleza de aves al vuelo, montando a caballo, refrescándonos en las cristalinas aguas que reflejaban las multiformes nubes que parecíamos acariciar al tocar el río. Todos los laguneros debemos sentir orgullo, satisfacción, pero sobre todo admiración y respeto por este santuario que nos regala la madre naturaleza, que de no protegerse, en menos de un par de décadas solo quedarán los recuerdos, como han quedado los casi 300 kilómetros que recorría el Rio Nazas hasta la Laguna de Mayrán, a quien nos tocó verlo correr, ahora con tristeza denominamos el lecho seco del río, el Cañón de Fernández, es el único tramo que aún conserva sus valores naturales con 25 kilómetros, antes eran un poco más de 30 kilómetros, pero poco a poco se ha ido perdiendo el río, por eso la importancia de su recuperación. Las peores amenazas son la provocadas por el hombre, ya lo dijo Hobbes, frase extraída de la pieza dramática de Plauto: “el hombre, es el lobo del hombre” y el Cañón de Fernández ha sufrido deterioro por la pesca ilegal, cambio del uso de suelo, ecoturismo irresponsable al transitar con vehículos tipo razer que erosionan el suelo y su alto ruido provocan alteraciones en águilas, patos, tangara roja, auras, cardenales, venados, pumas, cacomixtles, serpientes, zorros y ardillas entre otros animales que han habitado por cientos de años. Hay que reconocer el activismo de grupos ambientalistas de la región que de manera voluntaria junto con los habitantes de las comunidades aledañas: Sapioriz, Santa Anita y Graseros han trabajado codo a codo al grado de hacer posible que el Gobierno de Durango lo declarara Área Natural Protegida desde 2004 y cuatro años más tarde también lograron la inscripción en la Convención Ramsar como Humedal de Importancia Internacional. Acudir al Cañón de Fernández es contemplar las estampas naturales que acarician el alma y elevan el espíritu hacia el Creador como muestra de gratitud por tan grandiosa belleza representada por sus paisajes adornador con aves, mamíferos, anfibios, reptiles, cerros, árboles y río. Después de tres meses y medio cerrado su acceso debido al COVID-19, Raúl Villegas Morales, subsecretario de Recursos y Medio Ambiente indicó que desde el pasado 15 de julio volvió a albergar a visitantes y deportistas, asumiendo los protocolos de salud con cubrebocas, sana distancia y grupos no mayores a 10 personas. Dijo que no está permitido hace fogatas, ni pernoctar a menos de sacar un permiso con guardias del parque, pero sí acampar por unas horas como suelen hacer las familias laguneras, hacer carnes asadas solo en asador y si se quiere adentrar al Cañón para practicar alpinismo se tiene que avisar a los guardias y llevar un guía o responsable de la expedición. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de Durango está a cargo de la protección, pero Conagua ha sido en parte responsable del deterioro que ha sufrido el parque natural asentado en el municipio de Lerdo, porque ha proporcionado más de 120 concesiones cambiando el uso de suelo de forestal a agrícola o ganadero, algunos han infringido la ley haciendo construcciones, acción totalmente prohibida, pero la dependencia federal no ha hecho nada al respecto. El deber de todos es preservar y promover un ecoturismo respetuoso y responsable que proteja y conserve el ecosistema que brinda a propios y extraños, no solo por su belleza natural y su biodiversidad, sino porque es la principal área de recarga del acuífero lagunero.

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