Dicen en las Calles…

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

PROHIBIR. Muchos ciudadanos se oponen a la práctica de los políticos de abandonar el cargo para el cual fueron electos. Sobre todo de quienes lo hacen por alcanzar un puesto con mejor salario, mayor influencia, o aumentar las probabilidades de hacer favores y recibir “agradecimientos económicos”. Dicen es inmoral esta costumbre, sobre todo por el dinero gastado en elegirlos. Además rompen el juramento de “servir al pueblo”. La solución, dicen, es legislar para impedir dejen su obligación antes de terminar el período en el puesto.
DESTRUCTIVAS. Acciones que benefician a muy pocos, y perjudican a miles y hasta millones de personas, deberían prohibirse. Ejemplo local es el daño causado a la población por industrias lecheras, cerveceras y refresqueras, las cuales sobreexplotan los acuíferos. La Laguna, zona semidesértica con un gran oasis, que abarca los municipios de Torreón, Gómez Palacio, Lerdo, Matamoros, Francisco I. Madero y San Pedro de las Colonias, presenta un grave problema de hidroarsenisismo. Muchos pozos tienen más de mil metros de profundidad. El vital elemento extraído a tal hondura está contaminado de sales pesadas, sobre todo de arsénico. Su ingestión provoca enfermedades cardíacas, renales, hepáticas, diabetes y cáncer, así como defectos congénitos. Pese a lo anterior, no hay acción alguna para disminuir la sobreexplotación. ¿Quién detendrá el atentado letal contra los laguneros?
TERGIVERSACIÓN. Cuando una persona o grupo afirma que “la seguridad es de todos”, encubre la deficiencia de las autoridades de salvaguardar la vida y bienes de los ciudadanos. Es obligación de los tres niveles de gobierno, y los poderes judicial y legislativo, que la ciudadanía se sienta libre de cualquier daño o peligro. A menos que se quiera infundir temor para tener bajo control a la sociedad. Si es así, entonces sus propósitos están cumplidos a la perfección.
PUBLICIDAD. Un amigo comentó que entre los muchos spots publicitarios, uno de ellos muy tonto, pregona: “Corra la voz”, frase pronunciada luego de citar las bondades de un partido político o un aspirante a cargo de elección. Mi camarada no especificó sobre el contenido. Sin embargo, con sorna exclamó: “¿Correr mi voz? ¡Nunca! Porque entonces me quedaría sin capacidad para desmentir los engaños que pretenden hacernos creer son verdades”. Lectores, ¿ustedes qué piensan?
MALICIA. Mi amigo Francisco Alvarado, jugador de dominó, durante una partida narró una anécdota de dos sexagenarios. Una dama, quien pese a su edad no solamente se veía muy saludable, sino que su lujuria competía con la de una mujer de veinticinco años, bailaba con un amigo ocasional. Ante los lascivos movimientos de la mujer, el hombre repetía: “No respondo”. Animada al suponer la frase provenía de una intemperancia lúbrica, la fémina sin rodeos preguntó: Entonces, ¿me vas a amar? El señor abatido, afligido y alicaído, con descorazonado tono de voz expresó: “No respondo”.
MIEDO. Los pobres están a un paso brincar la línea que separa el temor y experimentar miedo. La escalada de precios crece como avalancha y destroza el poder adquisitivo de la clase trabajadora. Alzas al gas L. P., gasolinas (¡Cuidado, en la primera quincena de febrero se rumora habrá dos “gasolinazos”!), la tortilla y todos los productos. ¿Y que sigue del miedo? El pánico, en el cual la razón abandona a las personas y las impulsa a cometer actos imprudenciales. ¿En las elecciones?

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