Dicen en las Calles…

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POR: Hugo Ramírez Iracheta 

EFÍMERA. Las promesas de quienes tienen a la gráfica de la economía mexicana en el fondo, no cambiarán ni un milímetro la miseria económica en la cual vive más de la mitad de la población. Los candidatos a la Presidencia de la República se regodean pensando en las millonarias cantidades que añadirán ceros a sus cuentas bancarias. Podrán hacerlo mediante las generosas dádivas del INE por ser comparsas en el fraude que se prepara para las próximas elecciones. Se pretende repetir el “haiga sido como haiga sido”, y se luchará con el dinero de los contribuyentes para no abandonar Los Pinos. Da tristeza la actitud de aquellos que tienen credencial para votar y no lo hacen. Su indolencia se transforma en la nula existencia de políticas para el desarrollo y progreso de la nación, esa apatía interfiere con el futuro económico del país y la indiferencia incrementa la miseria de millones de compatriotas.
HUIDA. Huyendo de la realidad, como es característico de los gobiernos federales que fingen desconocer la tragedia de México, esto es, que más del 50 por ciento de la población vive en extrema pobreza, la otrora clase media ahora es pobre y la clase media-media ahora es clase media baja. Así que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), trata de cambiar esa perspectiva y anunció cambios en la forma de medir la pobreza en el país. Actualmente se realiza por medio de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), cuyos datos permiten calcular cuánta población tiene ingresos por debajo de la canasta básica y cuánta sufre de seis carencias sociales. La actualización de la metodología estaría lista para el 2018 ó 2020. ¿De qué sirven estos estudios? Pues solamente para hacer creer a la gente que el gobierno trabaja. Aunque es fácil deducir si existe pobreza o no. Basta comparar los precios de los artículos básicos para la subsistencia de una familia de cuatro sujetos, con el sueldo básico que ganan los obreros y trabajadores informales y así conocer que México, pese a sus riquezas naturales, es un país de pobres. Lo demás es demagogia.
APETENCIA. Para quienes defienden el capitalismo salvaje como muestra del sano deseo de tener riquezas, deben saber que la ambición es un sentimiento que ha destruido a personajes y familias enteras. Pero eso no importa cuando se obtiene fortuna sin tener que trabajar demasiado. Casi todo el mundo quiere ser rico. La mayoría aspira a serlo rápidamente. En Ciudad Lerdo hay un excelente ejemplo de esta avidez en el cabildo. Se nota ese apetito inmoderado al realizar obras públicas no necesarias: rehacer banquetas que no lo necesitan; pavimentar calles cuyo asfalto está en un 80 por ciento de vida, mientras que sitios lejanos al centro de la ciudad presentan baches y pozos; el servicio de agua es deficiente en muchas áreas; el drenaje de aguas negras es un problema y cruceros que requieren semáforos por el alto tráfico vial. Paradigma de ello es la calle Chihuahua y avenida Coronado. Se agrega la instalación de boyas como si fuese un gasto pequeño, que no lo es, pero ciertamente es remunerativo. Surge la pregunta ¿quién resulta favorecido, económicamente, con esos trabajos, la mayor parte superfluos? Este modelo de comportamiento es antiguo. Relatan la anécdota que un compinche de Álvaro Obregón, quien ocupaba una gubernatura, le escribió quejándose de ganar poco y pe

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