Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

La arbitraria actitud de políticos (y los partidos); el aumento cotidiano de la crisis financiera familiar; la corrupción y la impunidad, traen consigo grandes emocionales que afectan a las clases baja y media. Entre otros, la decepción, frustración e indiferencia entre los ciudadanos hacia sus deberes cívicos, tales como participar activamente en las decisiones gubernamentales (no como actores de ese viciado y nefasto círculo de poder, el cual tiene postrada a la nación), sino haciendo uso de su derecho de vigilar, criticar y exigir el desafuero de quienes se han enquistado en alguno de los tres niveles de gobierno.
Lo anterior tiene una solución simple: votar. En las pasadas elecciones municipales, estatales y federales, sólo un poco más del 50 ciento de los integrantes del padrón electoral acudieron a las urnas. El resto, muchos de ellos inconformes con la situación sociopolítica-económica se abstuvieron de sufragar; igual quienes piensan: ¿para qué molestarme en votar, si las cosas seguirán igual?
Tal actitud es el peor error que pueda cometerse en la democracia. Ello permite a los pésimos gobernantes y malos políticos apoderarse de la nación y conducirse, no como servidores del pueblo, sino como dueños del país.
Asimismo, quienes tienen poder económico se confabulan y compran las voluntades de los gobernantes, al igual de aquellos que ostentan un cargo público. Así pueden quebrantar las leyes y hacer mayores sus fortunas.
Sin embargo, si los apáticos y aquellos que rechazan la inmoralidad política, pero no acuden a votar, expresaran su rechazo haciendo valer la parte de gobierno que les corresponde como miembros de una democracia, contrarrestarían la influencia de las mafias políticas. Los políticos deshonestos serían derrotados.
No existe duda de que votar en los comicios para la Presidencia de la República, gubernaturas estatales y alcaldías, así como del senado, diputados federales y locales, y otras instituciones imprescindibles en una nación libre y soberana, serían electas personas honestas. Los individuos cuyo propósito es enriquecerse quedarían descartados.
Hace años en el senado se debatió si se aprobaba o no la iniciativa de aumentar los años en el cargo de algunos de los integrantes de Tribunal Electoral. La ponencia fue aprobada por mayoría, ante la oposición de 34 senadores. La votación sobre los candidatos electos, no registró ninguna objeción. Sin embargo, sí hubo protestas cuando, sin previo aviso, se pidió votar a favor del aumento de años en el cargo. La razón expuesta fue que tal ley no podía aplicarse porque fue sancionada por un reducido grupo en “lo oscurito” y después de la elección de los nuevos funcionarios. Por lo tanto, aplicarla a destiempo

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