Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

UNO DE LOS grandes poderes económicos estadunidenses, el conglomerado de los medios de comunicación masiva, los cuales se presentan como defensores de la libertad y la democracia del mundo, se alza como vocero de la democracia y determina lo que es información verdadera o falsa.

Las redes de televisión cortaron la transmisión mientras Donald Trump exponía sus argumentos con los cuales pretendía convencer hubo maniobras ilegítimas que le quitaban el triunfo. Después de un corto lapso de tiempo, las televisoras más importantes de Estados Unidos de Norteamérica anunciaban el triunfo de Joe Biden, en la jornada electoral más controversial de los Estados Unidos de Norteamérica.

De esta forma los medios de comunicación masiva con esta acción se constituye en un imperio que pretende dominar más allá de la información. Se autoproclaman en el poder que decide lo justo para el pueblo, por encima de la misma democracia.

El pretexto fue que Trump decía mentiras. Esto es increíble, pues los medios, proveedores de información, se convierten en censores del quehacer político. Así lo pone de manifiesto su postura de decidir quién dice la verdad y quién miente.

¿Y cómo pasó esto? ¿Quién les encumbró en un sitio más alto que el poder democrático del voto? No fue el pueblo, el cual quedó sin saber cuál era la situación de un evento tan importante como elegir presidente de la república. El temido “Gran Hermano” de la novela 1984, de George Orwell, se ha convertido en realidad.

No es posible que los medios de comunicación se arroguen la capacidad de decidir quién tiene o no la razón. Ese sería un gobierno de facto, más allá de lo que es ya actualmente. Por ello es muy peligroso aceptar que los dueños de los medios y “periodistas” manipulen a su libre albedrío un poder sobre el poder político.

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