Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

ES UNA gran equivocación pensar que en los deportes, en áreas que se consideraban esencialmente masculinas, y donde ahora hay mujeres en ellos, se debe a que la mujer por su esfuerzo ha ganado ese lugar. El hecho de que mucha gente así lo crea no significa que sea verdad. En realidad, los medios de comunicación cumplieron el cometido que les fue asignado en una sociedad consumista.

Así se cree y se acepta como verdad indudable, pues se comenzó a imbuir en las mentes infantiles femeninas el gusto por los deportes rudos que antaño estaban reservados a los varones. Y las niñas y las jóvenes comenzaron a practicar como diversión disciplinas duras. Por ejemplo, la lucha libre, toreo, boxeo, tae kwon do y el balompié, entre otras más.

Estas actividades se iniciaron como diversión. Pero dejaron de ser actividades lúdicas para transformarse en una profesión redituable, en casos excepcionales. Gran parte de las ganancias para los empresarios del espectáculo se encuentran en la taquilla y la publicidad. Para los promotores todo es negocio aunque sea con argucias. El objetivo es convertir en multimillonarios a los negociantes del “deporte organizado”.

El karate puede ser la excepción en cuanto a ganancias para el practicante porque no se ha profesionalizado entre las damas, a menos que haya peleas ilegales en algunos países. Por cierto, el boxeo puede ser mortal o dejar secuelas incapacitantes. Esta disciplina puede ser, y lo es en no pocas ocasiones, bastante dañina para los adeptos.

Todos estos peligros que se aceptan por dinero, tanto entre hombres como en mujeres, son un riesgo que corren con gusto los profesionales de cualquier deporte espectáculo porque las ganancias que obtienen las estrellas son fabulosas.

Sin embargo, para llegar al sitio del dinero en abundancia, se requiere talento, no solamente en el cuadrilátero, campo o cancha, aunque lo más importante es tener a mano la gran maquinaria de la mercadotecnia. Ella se encarga de hacer brillar a quien lo desee.

Así que en esto de buscar la luminosidad de los reflectores hay más ansia de dinero que vanidad. También podría pensarse que la mujer descuella por su femineidad. No es así. A los propagandistas no les importa si es hombre o mujer. Lo único relevante es vender el producto, sea masculino o femenino. Y obtener grandes ganancias.

Y sí, la mujer se distingue por participar en actividades consideradas toscas, brutales, como es el caso del boxeo.

Pero las mujeres fueron posicionadas porque mucho tuvo que ver la seducción propagandística. Las damas piensan que son ellas quienes decidieron hacerlo. Sin embargo, la influencia de la propaganda fue realmente quien la convirtió en un ente de consumo, a la vez que consumidora.

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