Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

UNA verdadera educación es la que enseña a pensar y no repetir ideas y aceptar conceptos sin analizarlos. Las enseñanzas académicas del presente no se ocupan de formar individuos que sepan distinguir verdades, verdades tergiversadas o mentiras. La educación real es aquella que forma personas con ideas propias. Lo anterior es posible si hay capacidad de reflexionar. Reflexionar es pensar y dudar de todo cuanto se escucha, se lee o se ve.

Una democracia se logra cuando existen individuos que piensan y dudan. La democracia es indispensable cuando se aspira a tener una nación libre. Sin libertad de pensamiento surgen las imposiciones de todo tipo. Desde la forma de vestir, comer, divertirse y, sobre todo, en la toma de decisiones políticas. De otro modo los ciudadanos son adoctrinados, tal como se hace en la mayoría de los países del mundo. La manipulación de las masas es propiciada e impuesta por los dueños de grandes riquezas y hombres con poder político.
La capacidad de reflexionar es imprescindible en un mundo donde los medios de comunicación son el arma preferida por quienes gobiernan al mundo. Para evitar el sojuzgamiento del cual somos víctimas de la publicidad, la mejor defensa es el saber, en su más amplia concepción. “El conocimiento es poder”, reza el adagio.
Los estudiosos de la política, y la forma de practicarla, aceptan el principio de que las masas son susceptibles de manipulación mental. En pocas naciones se practica una auténtica democracia. La libertad en todos los pueblos del mundo tiene limitantes, impuestas por sus gobiernos. Aún en aquellos cuyos gobernantes manifiestan idealismo liberal.
“Libre, y para mí sagrado, es el derecho de pensar… La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los Pueblos”, tal era uno de los preceptos de Don Benito Juárez García (1806/1872), indio zapoteco, quien fue presidente de México durante muchos años. Sus detractores de la época actual lo acusan haberse convertido en dictador. La ignorancia, ingenuidad o malicia no les permite distinguir entre un hombre ambicioso, buscador de las prerrogativas que otorga, el poder, de quien es reelegido por el pueblo al reconocer su labor nacionalista.
Del ilustre mexicano José Vasconcelos, de sus discursos sobre la educación, el grupo Juristas UNAM tomó ideas y conformó un decálogo de la educación, publicado en su blog de Wikipedia. El primero señala: “Al decir educación me refiero a una enseñanza directa de los que saben algo, a favor de los que nada saben, me refiero a una enseñanza que sirva para aumentar la capacidad productora de cada mano que trabaja y la potencia de cada cerebro que piensa”. El cuarto especifica: “La ignorancia es la causa de la injusticia, y la educación, suprema igualitaria, es la mejor aliada de la justicia”. Vasconcelos, quien fue llamado “Maestro de las juventudes de América”, como Ministro de Educación realizó una lucha sin paralelo contra el analfabetismo.
Dos José María y Pavón, quien se autodenominó “Siervo de la Patria” (1765/1815), heredó a la posteridad la frase: “Que todo el que se queje con justicia tenga un tribunal que lo escuche, lo ampare y lo defienda contra el fuerte y el gobernante”.
Poco se puede agregar a estos aforismos. Pero los ciudadanos pueden hacer suya la noción de que los ricos temen a la pobreza, pero tienen miedo de los pobres. Eluden a la pobreza acumulando inmensas fortunas. El miedo a los pobres lo combaten manteniéndolos ignorantes, pues la ignorancia hace víctimas fáciles de la manipulación a las masas. Esto puede cambiar si se tienen buenos gobiernos. Tenerlos es cuestión sencilla pero, al mismo tiempo, difícil de comprender. El poderío que podrían tener los ciudadanos es enorme, si dedicaran tiempo para pensar por quién votar y acudir a las urnas en días de elecciones. Entonces se cumpliría el objetivo de la democracia: el autogobierno del pueblo.

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