Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

EL EXCESO tiende a minimizar el efecto de aquello que, utilizado con dosis equilibradas, da buenos resultados. La referencia es hacia la propaganda y, concretamente, a la utilizada en la política por los medios de comunicación masiva.

La justificación pronta es que en política los ataques con injurias, mentiras, tergiversar la información, minimizar o esconder acciones positivas, son parte esencial de una escatológica definición de política: “El arte de saber nadar sin hacer gestos en una laguna de excremento”.

El pago muy elevado a medios informativos y “periodistas” para aplacar o disminuir el golpeteo periodístico y la desinformación, en sexenios pasados, fue una práctica tan común que el periodismo ético casi desapareció de la vista pública. Los “informativos comerciales” ganaron preponderancia.

En una nación que reinicia el camino hacia la democracia, en el último mandato presidencial que inició el uno de diciembre de 2018 ha crecido sustancialmente la “guerra política”. El Primer Mandatario actual ha sido, tal vez, el más vapuleado en la historia moderna de México.

Sin embargo, la profusión de ataques en lugar de disminuir la simpatía por el presidente tuvo un efecto contrario: aumentó su popularidad.

Asimismo, las redes sociales se activaron con gente que sabía porque lo hacía. El activismo cibernético fue a favor del Ejecutivo. Se creó así un poderoso bloque a favor de la administración federal. Casi un año después, se crearon granjas de “bots”, cibernautas afines a la ideología conservadora.

En tanto aumentaba la simpatía por el Presidente, se acentuó la necesidad de disminuir su imagen. A los dueños de los medios los mueve la ambición por el poder económico y político y se convierten en socios de la élite social. Los reporteros son comprados para tratar de modificar el criterio del público.

Aclaración: no todos los periodistas se venden al mejor postor. Hay quienes ejercen su profesión con honestidad. El país es grande y seguramente habrá muchos más de los pocos que conozco.

El activo político del presidente Andrés Manuel López Obrador aumentó poco después de ser electo presidente. Una explicación podría ser que pese al elevado número de ataques mantiene el ofrecimiento de respetar la libertad de expresión. No ha caído en la

tentación de usar el gran poder que le confiere la investidura presidencial.

Hasta el momento, ha mostrado una enorme paciencia al no responder las agresiones que recibe a diario de conocidos comunicadores que lo critican cada día. Ha mostrado vivir congruentemente con el principio de Benito Juárez: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

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