Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

LOS ENEMIGOS del presidente Andrés Manuel López Obrador han intensificado sus ataques, tanto en radio, televisión como prensa escrita. Y de una manera descomunal en las redes sociales.

No es nada insólito en la política. A esta actividad se le considera la antesala de la guerra. Invariablemente, las personas que se involucran en la cuestión pública están expuestas a que sus ideas sean rebatidas; sus acciones impugnadas; sus planes y programas de trabajo rechazados y su ideología censurada, impugnada, hostilizada y perseguida.

En las argumentaciones en su contra, la verdad está ausente. Es un hecho irrefutable que la lógica no existe en la política. Ha sido ignorada desde tiempos inmemoriales. Además, la mentira es parte intrínseca del ser humano. Inició desde el momento en que se vio obligado a lidiar en un mundo donde sus mayores enemigos fueron los depredadores de los seres más débiles.

El llamado homo sapiens se hizo mentiroso para sobrevivir. Sin embargo, los políticos elevaron la mentira a un arte para vivir de los demás.

López Obrador enfrenta entidades donde se institucionalizaron pésimas costumbres morales. Siempre ha existido la corrupción, pero ésta sufrió un impulso poderoso con las prácticas del capitalismo. En el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), el capitalismo fue admitido gubernamentalmente. Una gran derrota contra el humanismo.

Este sistema ha sido rechazado en países democráticos. Para evitar su mala reputación, se le ha cambiado el nombre con eufemismos como “libre comercio”, “neoliberalismo” o “globalización”.

Este sistema, conocido como “capitalismo salvaje” rechaza haya beneficios para los obreros. Ha combatido todo intento de mejorar las condiciones de superar las infortunadas condiciones de vida de los asalariados.

AMLO, en seis meses de gobierno, ha tratado de cambiar la situación de vida del 70 por cientos de los mexicanos. Para evitarlo, los poderes político y económico, que derrotó democráticamente, mantienen una lucha mediática en las redes. Es tan virulenta, que han logrado cambiar el pensamiento de un sector importante de la clase media.

Sin embargo, nunca podrá hacerlo con la plebe. La explicación es sencilla: “No pueden vencer a los pobres porque no tienen nada que perder”.

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