Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

EL HUMANISMO siempre está ausente en los conflictos bélicos. Lo mismo que el Derecho
y la Justicia. Sólo prevalece “La ley del más fuerte”. Así que la guerra, la actividad más inhumana del hombre, deja ganancias fantásticas a quienes la promueven. En el pasado mediante la violencia armada se construyeron grandes imperios. En el presente es el origen del poderío económico de la mayoría de los países capitalistas.

En la actualidad México es el campo de batalla del grupo económico mundial contra la decisión democrática del pueblo. A esta selecta agrupación pertenecen los pocos billonarios del país que no aceptan y combaten la democracia. Se estima que 18 familias son dueñas del 50 por ciento de la riqueza mundial y a ocho mexicanas les pertenece el 70 por ciento de la riqueza nacional.

El uno de julio del año pasado, la mayoría de mexicanos votaron por un gobierno democrático. Esto representó una derrota para aquellos que manipulaban el poder político y corrompían las instituciones. El sector oficial y parte del privado atacan la administración federal que les ha arrebatado muchos negocios ilegales y tiene la intención de despojarlos de la impunidad. La lucha es desigual. El grupo citado tiene muchas formas de atacar al Gobierno federal. Es dueño de los medios de comunicación masiva. La información se ha convertido en propaganda que fomenta entre la sociedad miedo y el caos en base a mentiras.

La “guerra económica” es otro recurso. Su campo de acción es muy extenso. A nivel mundial veta el comercio entre naciones a las cuales pretende arrebatar sus riquezas naturales, hasta influir que países “independientes” compren o vendan materias primas o productos terminados.

Hay ejemplos de victorias de la plebe sobre el poder. Miguel Hidalgo y Costilla inició la independencia de España; Benito Juárez derrotó a los invasores Franceses; Francisco I. Madero, Emiliano Zapata y Francisco Villa vencieron a los explotadores de México.

En cada una de estas batallas, el pueblo fue factor decisivo en el triunfo. Ahora se necesita a la plebe para vencer a la oligarquía.

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