Contrapunto

0
2193

POR: Hugo Ramírez Iracheta 

NUESTRA democracia adolece de una grave deficiencia: el exagerado número de partidos
políticos. A nivel nacional son diez. En muchos estados son dos y hasta cuatro organismos
políticos. Además de muchas “organizaciones civiles” que son utilizadas por los poderes políticos y económicos para influir en la designación de candidatos y en las elecciones.
La mayoría de esos partidos y organismos no solamente no sirven a la democracia, sino
que la obstruyen. Los poderes de facto los crearon precisamente para ese objetivo.
Lo anterior facilita la corrupción, así como la impunidad. Ambas se presentan con tal frecuencia que ya se les considera algo común. A nadie le sorprende ya saber que gobernadores, presidentes municipales, diputados federales, senadores, directivos de empresas paraestatales, y todos los servidores públicos de elección o designación, son acusados de delitos graves al terminar su gestión.
La fragmentación del voto, por el exceso de partidos, impide la práctica de una real democracia y el ciudadano se siente defraudado y engañado. Eso explica su alejamiento de las urnas electorales. Y aunque la ciudadanía ya no se asombra por la manipulación de la democracia, el pueblo está cansado de las marrullerías de los políticos. Hay un gran descontento en contra de quienes aprovechan los cargos públicos para hacer inmensa fortunas con total impunidad.
La gran mayoría de políticos no sirven al pueblo tal como juran al tomar posesión de algún
cargo público. Generalmente ya van predispuestoS a expoliar al pueblo. Esta es la razón
de que los ciudadanos se abstengan de votar.
Pero al no sufragar para elegir libremente quien deberá de gobernar a la nación, estados y
municipios, se deja el camino para que cometan toda clase de delitos, y graves. Ésta situación ha llegado a tal exageración que la política se ha vuelto el modo más simple, y de poco riesgo, para convertirse en multimillonario.
Pero el sufragio, el último recurso dejado por los poderes fácticos para defender la democracia, ha sido soslayado por los propios ciudadanos.
La pulverización del voto, que se registra al propiciar la creación de multitud de
partidos políticos y organismos civiles al servicio de los gobiernos, es causa del desencanto
y desesperanza de la población.
El resultado es el alejamiento de los ciudadanos de su deber y derecho cívico de sancionar el quehacer de los servidores públicos. Y así dejan el camino libre para que transformen sus cargos en cotos de caza. Quienes se abstienen de acudir a las urnas electorales,
se convierten en compinches, sin desearlo, pero al fin y al cabo cómplices
de una situación que a todos perjudica económicamente. Vivir en
una democracia es difícil.
Ese es el mejor ejemplo de la forma en que gobernantes, políticos y
archimillonarios imponen a su arbitrio su voluntad para explotar de modo indiscriminado
a la nación. Se aprovechan del poco conocimiento de la gente del quehacer político, y de la incipiente democracia, para manipularla a su antojo. Por cierto, muchos hablamos
de democracia, pero no entendemos cabalmente el concepto.

La ignorancia hacia y apatía de nuestras obligaciones cívicas nos hacen víctimas fáciles de la corrupción e impunidad, que esparcen y aprovechan los malos políticos, la cual aprovechan para perpetuarse en el poder y expoliar a la ciudadanía.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here