Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

AFIRMAR es necesario percibir un salario alto para evitar ser corrompido, es una pobre, deplorable e irrisoria excusa de los miembros de la Suprema Corte de la Justicia de la Nación. Aducen este motivo para negarse a reducir sus emolumentos, tal como lo prescribe la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos.

Su sueldo de más 600 mil pesos al mes es una injuria para la nación. Sobre todo cuando más del 50 por ciento de la población está por debajo del nivel de lo que se considera necesario debe contar cualquier persona para vivir dignamente.
El sistema socioeconómico que rige a la economía nacional, y la corrupción correlativa, han hecho olvidar parcial, o totalmente, el concepto de servidor público a funcionarios que ocupan altos cargos en la administración federal.

El poder jurídico, uno de los tres que forman el gobierno constitucional, se ha inconformado contra esta ley. Este insólito, y al parecer injustificable distanciamiento hacia los pobres, presuponen que el poder judicial se ha colocado en el bando opuesto a los intereses del pueblo.

En la conciencia popular, el servidor público es una persona quien con su actividad brinda un servicio útil a la sociedad. Tal idea conlleva la creencia de que en las tareas realizadas por el servidor público debe anteponer el interés del pueblo.

Por supuesto, esta labor requiere una remuneración. Sin embargo, por su carácter de “servicio público” ¿ésta actividad no debería tenerse como una vocación y no considerarla un medio para ganar mucho dinero?.
Claro que puede existir una norma jurídica, o tal vez la práctica habitual la hayan convertido en regla no escrita, aceptada y acatada por servidores públicos y gobernantes para aceptarla como una ley. Sin embargo, el Congreso de la Unión admitió una iniciativa, la examinó y aprobó la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos.

Esta norma tiene el objetivo eliminar las percepciones elevadas de funcionarios
públicos. Y tal parece, entonces, que la ética no existe para estos “servidores
públicos” a quienes no les importa la pobreza de la plebe y prefierendevengar salarios comparables a los que se pagan en países ricos.

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