Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

EL PRINCIPAL RECTOR de la educación debería ser, para muchos, aprender a aprender.
Es el propósito ideal de los muchos objetivos existentes desde la perspectiva de varias disciplinas psicológicas, antropológicas, sociológicas, pedagógicas y hasta políticas. Cuando el candidato de Morena, y ahora presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, anunció revocaría la reforma educativa de Enrique Peña Nieto, hubo “indignación” proveniente de sectores a quienes conviene la ignorancia del pueblo.
AMLO ha mantenido esa posición. Hace decenas de años, estudiosos identificados con la verdadera educación, afirman que en cualquier nación democrática, o en transición hacia esa ideología, nuestro sistema educativo es pésimo. Desde la década de los 80tas., cuando
se expandió el capitalismo en México, el cual se transformó en neoliberalismo para convertirse en capitalismo salvaje (el azote del mundo), los métodos de enseñanza-aprendizaje sufrieron drásticos cambios y se mantuvo la miseria como en el medievo y el colonialismo.
El neoliberalismo económico impulsó el ingreso de la mujer al mercado laboral. Poco se ha dicho si fue bueno para la mujer y malo para la familia. La mayoría de los hijos quedaron sin educación de valores familiares. Si bien esta labor estaba a cargo de padre y madre, el deber de esta enseñanza recaía en la mujer.
Desde el inicio de la aventura del pensamiento humano, esta tarea tuvo su principal sostén en la mujer. Su condición de reproductora de la especie, con todas las dificultades y sacrificios que entraña, le adjudicaron el compromiso de la educación en casa de los hijos.
Su entrada al mercado del trabajo trajo como consecuencia disminución en las enseñanzas de los valores morales y cívicos de los hijos. La situación empeoró con las “reformas educativas”. Estaban constituidas con menos academismo y más adoctrinamiento.
Para los expertos, el adoctrinamiento busca inculcar ciertos pensamientos en las personas. Hacerlo en la niñez y juventud da mejores resultados. Su propósito es que quienes reciben determinadas influencias, asimilen e incorporen pensamientos que convienen a las clases
dominantes. Estas ideas hacen de la gente personas de bajo discernimiento propio que aceptan sin dudar opiniones ajenas y les restan capacidad de razonamiento.
Adquieren así el control social buscado por hombres con poder político, económico,
la fuerza bruta, eclesiástico y la manipulación social, realizada por los medios de comunicación masiva. Lo deseable es enseñar aprender a aprender; tener pensamiento autónomo; capacidad de análisis; criticar y decidir libremente sobre nuestra vida.

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