Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

EL TRIUNFO electoral de Andrés Manuel López Obrador es el principio de una empresa que se antoja colosal: la cuarta transformación de la sociedad mexicana. Las tres primeras fueron, según el virtual Presidente de la República, la Independencia de 1810, La Reforma de 1858 y la Revolución Mexicana en 1910.
El profundo cambio social, político y económico, necesario para lograr este alto propósito, representa grandes dificultades para cualquier hombre que ocupe el más alto cargo de la nación. Parte del gabinete dado a conocer lo integran reconocidos personajes en su ámbito profesional, así como de solvencia moral comprobada. Ello prueba la sinceridad del objetivo al que aspira.
Desde el lunes pasado, conforme a una declaración hecha en rueda de prensa, López Obrador comenzaría a trabajar con todos los sectores sociales para integrar el proyecto de nación que se aplicará del 2018 a 2024. El reto de convertir a México en una nación donde haya progreso material y espiritual, además justicia social para todos, necesita del soporte de todos los mexicanos.
Ya cuenta con el pueblo y amplios sectores de la iniciativa privada. Sin embargo, su proyecto requiere del apuntalamiento del gran capital. El respaldo de los grandes empresarios representa la viga maestra de la estructura de una nación democrática.
¿Esta aspiración es una utopía? La respuesta a tal interrogante es no. Existen muchos países desarrollados cuyos regímenes aplican una ideología humanista, donde la utilidad económica justa y lícita no está reñida o enfrentada con los derechos humanos. Un modelo similar puede aplicarse en México.
La concordia y la armonía de los sectores sociales en México son esenciales para alcanzar la equidad y justicia social que merece todo ser humano. Éstas son asequibles cuando se proporciona al grupo social posibilidades de superación personal y profesional. Esto significa que esfuerzo, trabajo y capacidad ciudadana estarán al servicio de la comunidad y de la patria. Cualquier gobierno y sociedad del siglo XXI deben adoptar esta actitud si se desea prosperidad.
La labor de López Obrador es demasiado grande para lograrla con buena voluntad y el esfuerzo de un solo hombre, así como de sus colaboradores. Tal empeño exige del esfuerzo colectivo. Todos quienes han intentado grandes cambios sociales han demandado y recibido la colaboración de los sectores de productivos.
Para conjuntar voluntades del pueblo y entidades productivas, es imprescindible olvidar las malas experiencias vividas durante la guerra política de una campaña electoral. Lo mismo que aceptar la gran dificultad que representa un cambio social y exhortar a la reconciliación para trabajar por un bien superior.
AMLO ya lo hizo al declarar que no habrá venganzas o persecuciones políticas. Los enfrentamientos con algunos líderes de la iniciativa privada fueron superados en su momento. El presidente electo reconoció su importancia para la creación de un país económicamente fuerte.
López Obrador deberá manifestar con hechos que el propósito de regeneración nacional es verdadero. Ya tiene una gran ventaja. La unidad del pueblo. Está demostrada con la histórica votación del uno de julio de 2018. La unidad hace posible la cuarta transformación. Y será en beneficio de todos los mexicanos.

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