Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta 

EL CLAMOR de los ciudadanos de la mayoría de los países del mundo es “Tenemos sed”. El nivel de la mayoría de los acuíferos de todo el mundo es bajo. En virtud de lo anterior, los expertos auguran revueltas armadas internas y guerras entre naciones por el agua.
En México, grandes sectores de la población carecen de suficiente líquido. El problema es por la escasez del vital elemento, deficiencia innegable, pero se intensifica por la falta de regulación en el uso del vital elemento.
Alfredo Jalife, geopolítico mexicano, ha denunciado en columnas periodísticas, entrevistas de televisión y conferencias a estudiantes y al público, la entrega del agua por el Gobierno a intereses extranjeros.
En una conferencia por internet, expone que por su escasez y mal uso, el agua se convertirá en arma política. Por lo pronto, una ley recién aprobada por el Congreso de la Unión causará conflictos al permitir a particulares manejarla a su antojo.
Esta reforma constitucional otorga poder a la iniciativa privada de manejar a su libre albedrío los mantos acuíferos, caudales de ríos y hasta el agua de lluvia que algunos particulares pudieran captar. Es una veda, afirma Jalife, que va contra el derecho al uso del agua.
El doctor Pedro Moctezuma Barragán, investigador de la Universidad Autónoma Mexicana (UAM) y directivo de la Coordinadora Nacional Agua para Todos Agua para la Vida, ha estudiado la problemática hídrica. Inició una lucha desde el 2002 para la inclusión en la Constitución Mexicana la equidad en el uso del vital elemento.
La escasez del agua es mundial. En Berlín, París, así como en Italia, los gobiernos autorizaron concesiones (privatizaciones), que fueron rechazadas por la ciudadanía.
El conflicto conocido como “La guerra del agua” se registró en Bolivia en 2002. El presidente Hugo Banzer concesionó el servicio de suministro de agua de Cochabamba a la empresa Aguas del Tunari. Se hizo con el apoyo del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Aguas del Tunari elevó los cobros del agua de un 30 hasta un 300 por ciento. Además, podía desahuciar y apoderarse de casas y propiedades de los deudores. Por este abuso cientos de miles de nativos apoyaron las protestas de los ciudadanos de Cochabamba.
El Gobierno envió al ejército contra los inconformes. Éstos, luego de tres meses de lucha, lograron el triunfo y el presidente Banzer fue depuesto.
La intención privatizadora del gobierno mexicano ya había sido expuesta por el doctor Barragán. En su momento dio a conocer la ley Korenfeld, atribuida a David Korenfeld, director de Conagua, destituido en 2015.
Esta ley es muy parecida a la que se aprobó recientemente. Ambas otorgan todos los beneficios a los concesionarios, mientras que la sociedad queda indefensa. Igual como sucedió en Cochabamba, Bolivia.
La Coordinadora Nacional Agua para Todos Agua para la Vida ha iniciado una campaña para que sea abrogada la ley Peña-Pichardo por su agresividad contra el derecho humano al agua.
¿Se unirán los mexicanos como hicieron los bolivianos en defensa de su derecho al agua?

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