Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta 

La más salvaje, despiadada y cruel de las violencias es el maltrato infantil. Aunque pareciera es baja su existencia, en realidad es una de las peores vergüenzas del género humano por el alto número de víctimas que se registran en el país y a nivel mundial.
Este problema, tan poco abordado por la justicia, provoca cada cinco minutos la muerte de un niño a causa de la violencia. Asimismo, se calcula anualmente fallecen por homicidio 41 mil menores de 15 años en el mundo.
El problema es más frecuente de lo que pensamos o aceptamos que existe. Generalmente los agresores son los propios padres de las víctimas, familiares, amigos de la familia, cuidadores o maestros. Aunque también existe una cifra considerable de mujeres y hombres, psicológicamente dañados, que gustan dañar a infantes.
Según datos de la UNICEF, en países desarrollados como Estados Unidos de Norteamérica, casi un 25 por ciento de las adolescentes y un 10 por ciento de jovencitos han sufrido alguna forma de abuso sexual.
Seis de cada diez niños en el mundo, de entre 2 y 14 años, sufren maltrato físico a diario.
Otro dato alarmante, difundido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), da a conocer que una cuarta parte de los adultos manifiestan haber sufrido maltrato físico en la infancia, mientras que una de cada cinco mujeres y uno de cada trece hombres dicen haber sido víctimas de abusos sexuales en su niñez o adolescencia.
La violencia física del ser humano contra sus congéneres no es desconocida. Algunos pueblos tienen el infortunio de conocer la guerra, idealizada en la literatura de evasión y en el cine; existen los conflictos bélicos internos; el terrorismo o la lucha entre bandas criminales que afectan a inocentes.
Sin embargo, la fuerza bruta existe en el ámbito hogareño. Afecta a familias y a la sociedad entera. La conocemos por experiencia propia, ya sea que la veamos en algún familiar, pariente cercano, gente que forma parte de nuestro entorno social o por los medios de comunicación masiva.
Es difícil reconocer cuáles niños o adolescentes sufren de violencia en el hogar. Una psicóloga clínica (prefirió el anonimato), afirmó que el lenguaje corporal es un excelente indicador de la personalidad. Se requiere de mucha experiencia para detectar quién es víctima de abuso.
Reiteró que sólo un experto puede conocer la verdadera personalidad de alguien mediante el lenguaje corporal. Por ejemplo, una mirada triste, insatisfecha, denota falta de felicidad; los ojos retadores o agresivos manifiestan una vida llena de frustraciones. Y en ambos casos –advirtió-, esas miradas pueden ser producto de la violencia. También podrían significar una desesperada petición de amor.
Cuando esa llamada no es atendida, generalmente esa carencia trata de satisfacerse utilizando la fuerza bruta. Se aplica en los más débiles. En la juventud, durante el noviazgo muchos jóvenes son violentos con sus novias. El pandillerismo es también una salida a la necesidad de tomar represalias por falta de afecto.
La solución en apariencia fácil, es sumamente dificultosa. La respuesta es el amor. Pero el concepto amor es complicado y más aún practicarlo. Además, la falta de educación en el hogar y de valores morales, conforman el círculo vicioso el cual es difícil de romper.

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