Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

HUBO pocos cambios sustanciales en el segundo debate presidencial. Uno de ellos fue el de los moderadores, León Krauze y Yuriria Sierra. El formato presentó pocas modalidades y se repitió el triunfo moral (por no tratar de engañar) de Manuel López Obrador.
Se registró la ausencia de Margarita Zavala.
Al igual que en el primer debate, tres aspirantes utilizaron el tiempo en el cual debieron exponer sus proyectos en atacar al candidato de Morena, con pocas ideas propias y muchas ajenas o inventadas. Siguen manifestando su miedo a López Obrador.
Los tres neoliberales oponentes de AMLO parecieron olvidar que: “La desgracia de México no radica en lo mal que está repartida la riqueza, sino en lo bien distribuida que está la ignorancia”. Este es un tema de suma importancia, apenas abordado, pues la educación es la base del desarrollo y progreso de una nación.
Los hombres de genio, filósofos y humanistas han sostenido que un pueblo que carece de educación se convierte en un pueblo sojuzgado. La educación fue tema de aparentemente menor preocupación. López Obrador lo consideró indirectamente, con la misma insistencia de hace años: para acabar con la injusticia y la impunidad se requiere de infraestructura que permita la creación de fuentes de trabajo, la cual ocupe mano de obra. Si se pretende una industria competitiva en el extranjero, obvio es imprescindible tener educación de alta calidad, desde jardines de niños hasta universidades. De lo contrario, sería necesario exportar mano calificada.
José Antonio Meade Kuribreña, el ex candidato ciudadano; Ricardo Anaya Cortés (el panista a quien rechazan los militantes de Acción Nacional de mayor antigüedad) y Jaime “El bronco” Rodríguez (a quien por unos instantes el público creyó declamaría “El brindis del bohemio”), con su ataque en jauría corroboraron lo que ya sabe la plebe: el uno de julio perderán las elecciones. Esta verdad no pueden asimilarla los hombres del poder político y económico. Tampoco los crédulos de las falacias de que el socialismo es enemigo de los ricos, les quieren quitar su dinero, a los empresarios sus empresas y empobrecer a todo el mundo, tal como lo expresó Winston “The Bulldog” Churchill.
Al respecto, la aspiración del socialismo (y existen varias corrientes), es evitar la injusta, y socioeconómicamente perjudicial, acumulación de la riqueza de unos pocos en detrimento de millones. En México, aproximadamente 100 familias son dueñas de la riqueza nacional.
Anaya, quien tiene grandes similitudes con Carlos Salinas de Gortari, ambos de 39 años en los momentos de sus candidaturas, pelones, buenos para el debate y amigos de Diego Cervantes de Cevallos, fue el más feroz atacante de López Obrador. No dijo nada nuevo, pero sí hizo algo. Presentó amañada la portada de una revista nacional.
Y eso fue casi todo. A excepción de los debates sobre el debate. Los representantes de los “Tres tristes tigres”, como en la ocasión anterior, casi juraron que sus representados habían ganado. El del ex “candidato ciudadano” ahora con la insignia del PRI; el del “mejor negociante del mundo en bienes inmuebles” y del lacrimógeno “Bronco”. Según ellos ganaron el debate.
FRASE para reflexionar de George Orwell: “Cuanto más se desvíe una sociedad de la verdad, más odiará a aquellos que la proclaman”.

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