Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta

LOS SIMPATIZANTES de Andrés Manuel López Obrador estiman que éste ganó de antemano las elecciones. Piensan que el triunfo lo tiene asegurado en las urnas… pero no así en el conteo de los sufragios. Casi el 50 por ciento de mujeres, jóvenes y adultos, han manifestado su intención de voto a favor del chiapaneco. En un estado democrático y respetuoso de la voluntad ciudadana –manifiestan-, la toma de protesta de AMLO como Primer mandatario sería un simple requisito a cumplir.
Sin embargo, parecen olvidar que el aspirante de Morena enfrenta a los más fuertes representantes de los poderes político y económico del país. Ambos parecen invencibles unidos. Los poderosos política y económicamente son pocos frente a una gran masa de pobres. Pero por mucho que superen en miles por uno a los primeros, los adversarios tienen la influencia y las riquezas que podrían cambiar tramposamente una derrota en victoria.
Y aunque parezca increíble, además de los monopolios de partidos políticos, instituciones gubernamentales y electorales, incluyendo las instancias que el dinero puede comprar y manipular para su beneficio, integrantes de diversos sectores de la sociedad creen la publicidad que pinta a AMLO como enemigo de la plebe. La aceptación del público de falsedades sobre el candidato de Morena se logra utilizando los medios de comunicación masiva.
Muchos conductores de noticieros, periodistas, “formadores de opinión Pública”, politólogos, intelectuales y funcionarios relacionados con las elecciones son contrarios a López Obrador. La explicación es simple. Es posible estén satisfechos con el sistema capitalista por convicción; quizás reciban dádivas por candidatos neoliberales para difundir su imagen o simplemente lo hacen por falta de empatía hacia quienes viven en casi o en la miseria.
Las encuestas de intención de voto, que dan la delantera a López Obrador, las cuales posiblemente no abarcan el universo de una gran parte de la población mexicana, las rechazan Meade y Anaya.
Los oponentes del tabasqueño están preocupados. Lo anterior es notorio porque aceptan la sugerencia de sus “padrinos” (más que nada una orden), de llevar la lucha electoral al terreno de la “guerra sucia”.

Desde 1982 el capitalismo salvaje se estableció en México; se posicionó firmemente con Salinas de Gortari y recrudeció con Vicente Fox y Felipe Calderón. Se mantiene con Enrique Peña Nieto. La característica de este sistema que rige a los mexicanos es empobrecer a la plebe.
La clase media, anteriormente protegida por los gobiernos plutocráticos, quedó desamparada con gobernantes completamente faltos de escrúpulos. Un rasgo de los actuales mandatarios estatales es que al terminar su cargo, con raras excepciones, son acusados de desvío de fondos, mal uso del poder, fraude y varios delitos más, entre ellos lavado de dinero y nexos con el narcotráfico.
Las privatizaciones de paraestatales, como FERROMEX, CFE, PEMEX, y otras más, que se suponía serían la plataforma del desarrollo y progreso nacionales, al pasar a la iniciativa privada han sido factores que han impedido la superación de los trabajadores.
A excepción de unos pocos empleados y obreros que perciben sueldos decorosos, el salario mínimo se encuentra entre los más bajos de Latinoamérica. Ese es uno de los motivos por lo cual México, poseyendo grandes riquezas naturales, es una nación pobre.
Erradicar la pobreza, corrupción, impunidad, injusticia, inseguridad, falta de democracia, es el objetivo al votar en las elecciones del uno de julio próximo.

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