Contrapunto

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POR: Hugo Ramírez Iracheta 

ES DEL conocimiento popular esta frase: “La práctica hace al maestro”. La idea se refiere a la cotidiana realización de una labor hecha por un artesano, obrero o profesionista, mediante la cual adquiere una habilidad que lo distingue, y no como fácilmente podría confundirse, a la formación de un profesor.
A la educación en el país se le imputan graves deficiencias, como no enseñar de acuerdo a las necesidades actuales para acceder a un sostenido desarrollo tecnológico, científico, cultural, político y económico. Los programas educativos son anacrónicos; importados de países donde fracasaron; mescolanza de antiguas prácticas fallidas y teorías no comprobadas. Lo anterior ha hecho del sistema educativo uno de los que mayor retraso presentan en países del tercer mundo.
México no está solo en esta deficiencia. Los sistemas educativos funcionales se rechazan por gobiernos autoritarios por no convenir a sus intereses. El repudio tiene su origen en evitar la existencia de ciudadanos educados en dudar, razonar y capaces en percibir el origen de problemas sociales. Tal actitud es contraria a los propósitos del poder político y económico.
Un sistema educativo con fallas y deficiencias sirve a gobiernos oligárquicos o sustentados en el absolutismo. En ambos su prioridad es mantener subyugada a la sociedad. Este objetivo se logra cuando el pueblo carece de educación. Al existir esta condición, la manipulación de masas es fácil. No hay resistencia ni oposición a prácticas que defraudan al erario, instituciones y riquezas nacionales.
Por la razón expuesta la educación se ha vuelto casi dogmática. En el aula, quien manda, tiene la razón y nunca se equivoca, es el profesor. Esto ha ocurrido porque los líderes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) han doblegado su ética profesional a intereses ajenos al proceso enseñanza-apendizaje. A cambio recibieron canonjías mediante las cuales se enriquecieron de manera increíble. Carlos Jonguitud Barrios (1924/2011), y la maestra Elba Esther Gordillo, son paradigmas del rompimiento profesional del profesor con su compromiso de educar.
A propósito, en el blog Definición, de Wikipedia, se lee: <<Un profesor de una materia explica un conjunto de conocimientos. Un pedagogo analiza cuáles deben ser las técnicas y los procedimientos para enseñar correctamente dicha materia. Y un filósofo de la educación analiza los conceptos que están implícitos en el proceso de la enseñanza>>.
Estas nociones están ausentes en el sistema educativo. Lo anterior nada tiene de excepcional. La “educación” no está diseñada para educar. Ha sido transformada en un fin: mediatizar la mente del ciudadano que permita y/o facilite la manipulación del pueblo para expoliar a la nación.
Un sistema de enseñanza debe tener como primero y último fin dotar a niños y jóvenes de herramientas para convertirlos en personas productivas. Así lo engloba el pensamiento de Don Benito Juárez: <<Libre, y para mí sagrado, es el derecho de pensar… La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos>>.
Tristemente las palabras y hechos de este hombre de acendrado espíritu nacionalista, así como las acciones de José Vasconcelos, el más notable luchador por la educación en México, poco han podido contra la corrupción de gobiernos y encargados de la educación que se registra sistemáticamente desde hace más de cinco décadas.

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