Cerré las fiestas del 83 aniversario con el retrato de Marylin Monroe a mi lado

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POR: Higinio Esparza

-Vieja, dame un suéter más grueso. -¿Pal frío? No, lo quiero para mí, le respondí y me entumí más en la silla jardinera esperando que llegaran por mí los compañeros para el desayuno del cumpleaños. -Levántate, enderézate y camina derecho; no arrastres los pies¸ agregó al estilo de los terapeutas. Me agarré del aire para intentar cumplir la orden pero puesto de pie vino el primer mareo, como los volantines de la infancia en que das vueltas a lo loco y luego buscas la pared próxima para esperar el equilibrio que viene solo, sin ayuda ni caídas. Las vueltas se repiten y no pasa nada anormal, sólo episodios de vórtice manejable y divertido. Pero eso fue en la infancia. En mi caso hay riesgos de volar para abajo, no para arriba y abrirse la cabeza en el duro suelo.

En el Niu York fue la reunión mañanera con Jesús Esparza Bejarano, Aurelio Alvarado, Jesús Sotomayor Garza, Víctor Campos, Gustavo Flores y su hijo. Nos atendió -¿Fue en esa ocasión o en el desayuno con los del grupo social Aferrados a la Vida?- una joven con el pelo a la afro, alborotado y pintado de amarillo, encubierto el rostro, sin sonrisas ni gestos, fría como el frío y lo raro o curioso: no llevaba libreta ni pluma para anotar los pedidos y se valía solo de la memoria para llevar los platillos solicitados. Me recordó al hombre de las manos con tijeras.

Me agradó el huevo con jamón y le pedí una segunda orden. Fue a la cocina y volvió con los nuevos platos. Me sirvió primero, como si le hubiera caído bien. -Yo sirvo en esta mesa ¿Se le ofrece algo más? agregó en voz muy baja y misteriosa. Apenas iba a la mitad del alimento combinado pero ya no me cupo el resto e hice a un lado el plato; le solicité más fruta con yogur, granola y pan de azúcar. Se deslizó a la cocina y regresó, también, etérea. Terminamos todos y ella apareció de pie en la puerta para despedirnos con leve gesto, siempre con su pelo frondoso, exótico, seria, muy seria.

La siguiente etapa del día de cumpleaños, se cumplió en el “Monte Arat”, un promontorio serrano de cactus y sol localizado en el ejido Monterreicillo, en Villa Juárez, Durango. El nombre proviene del volcán de nieves perpetuas ubicado en Turquía con una altura de más de cinco mil metros sobre el nivel del mar. Los libros religiosos afirman que en aquel lugar aterrizó el Arca de Noé, pero es hora de que ni siquiera un tablón ha sido encontrado. José Luis Cordero es el dueño de cactolandia. Se dio cuenta de mis dolores de piernas y me obsequió un frasquito de 30 pastillas para vigorizarlas y perderle el miedo al suelo.

El grupo de expedicionarios lo formaban Armando Monsiváis, Héctor Alejandro Esparza, Efrén Mireles Estens, José Luis, anfitrión y guía y el que escribe como invitado especial pero debido a las dolencias de piernas no pudo acompañarlos en sus caminatas entre arbustos y promontorios serranos que dominan el horizonte. Se trata de una finca de descanso familiar, con una casa en las faldas del cerro, mesas para comer, un hotel para insectos, cactus de todas las variedades y durmientes apilados para reconstruir el arca mitológica, todo ello en extensos terrenos cercados por lomas, arbustos y caminos sinuosos entre las piedras. El sol reverberaba por todos los rincones del solar rural, en plena quietud cuando llegamos.

-El hombre comulga con la naturaleza, filosofó Armando al referirse a la vocación cactácea de José Luis y su empeño en crear espacios para el desarrollo de la vegetación propia de los desiertos.

El sol ya había dorado mi piel y me hizo sentir más vivo pero tuve que levantarme rápido y buscar una protección: los zopilotes comenzaron a revolotear sobre mi cabeza creyendo que mi inercia momentánea me había convertido en “chanfaina”, la que se come en tacos largos en la avenida Abasolo de Torreón. De regreso a Lerdo, cerró la jornada una pollocoa que me ofrecieron los hijos. Sabrosa, digerible y bastante, la saboree en la terraza familiar acompañada con un vino tinto que me obsequió Nancy. Cerré las fiestas del 83 aniversario con el retrato de Marylin Monroe a mi lado, icono pop, actriz de cine y símbolo sexual que le cantó las mañanitas a John F. Kennedy, presidente de EU.

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