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Algo más que Palabras

ALUVIÓN DE VÍCTIMAS

POR: Víctor Corcoba Herrero

“La consideración de unos hacia otros ha de ser fundamento de cualquier otro derecho”

Necesitamos repoblarnos de humanidad, sentirnos vivos frente a tantas inútiles contiendas, verdaderamente destructivas y desoladoras. Sólo hay que ver el aluvión de víctimas de guerra, ya no únicamente en términos de muertos y heridos, de pueblos derrumbados y de medios de vida truncados, comenzando por nuestro propio hábitat, un medio ambiente cada día más castigado por aguas contaminantes, por cultivos quemados, por bosques talados, suelos envenenados y animales sacrificados, entre la multitud de mártires indefensos, que meramente buscan salir de la ruina y de las batallas, convivir con la ilusión de poblar el entorno y difundir en ella los ánimos de lo armónico. Ojalá aprendamos a conversar. La consideración de unos hacia otros ha de ser fundamento de cualquier otro derecho. Por encima de todo, hace tiempo que me digo a mi mismo, que quiero ser el artífice de mi vida, no la víctima de estos nefastos pedestales interesados que nos llevan a la deriva de todo. No olvidemos que la clemencia es el principio del buen tino, y el respeto por los que viven a nuestro lado el mejor tono; junto a esto habita la primera condición para saber vivir, un timbre imborrable de comprensión. Esto sí que es una gran lección para llevar a buen término.

Desde luego, la primera víctima de este desconcierto viviente, lo ocasiona el pudiente guión de la hipocresía, que hace tiempo que se ha tragado el espíritu de la autenticidad. Sin duda, continúa siendo el colmo de todas las maldades. Contribuye a que todo se contamine por la vicio de la mentira. Hoy más que nunca echamos en falta biografías reales de vidas francas y sinceras. Sea como fuere, no podemos proseguir cultivando la indiferencia en nuestro paso existencial, se nos requiere humanamente para socorrer un soplo de verdad, para hacer un mundo más justo, liberador de todos los miedos, pues ya está bien de torturarnos entre sí, de ser dominadores en vez de solidarios, que es lo que realmente nos fraterniza, frente a mundanos lenguajes que nos esclavizan. Ya está bien de que nos golpeen políticas ilícitas, que nos dividen por los sistemas de ganancia insaciable y las repelentes tendencias ideológicas, manipulando actuaciones sensatas y cometidos de personas coherentes. Indudablemente, este ciego arrojo corrupto es tan criminal como inmoral, y representa la mayor traición a la entereza pública. Por si fuera poco el desmoronamiento, es aún más perjudicial en tiempos de crisis como el presente. Deberíamos actuar, inevitablemente, con mayor claridad y unión; sobre todo para crear, sin demora, unos sistemas más sólidos para la rendición de cuentas, la honestidad y la integridad.

También se me ocurre pensar en esas gentes que abren fuego, en lugar de cerrar heridas y conciliar sentimientos. A los sembradores del terror, que continuamente desprecian la vida de todo ser humano, hay que transformarles. Resulta absolutamente injustificable e intolerable que se produzcan estas bochornosas situaciones, dondequiera y cualquiera que las lleve a cabo, ya que los seres humanos hemos venido a la vida para poblarnos de mansedumbre, no de intransigencia, dando lo mejor de uno mismo hasta empaparse de entrega y serenidad, sabiendo que la única ganancia que permanece es la de haber contribuido a la construcción de otro mundo más habitable. Lo importante, en consecuencia, es un sano diálogo y el compartir experiencias. Pongamos, en escena permanente, el llamamiento a ese encuentro de pulsos, que nos invitan a la concordia y al cultivo del amor verdadero. Sin ir más lejos, la pandemia de COVID-19 lo que pone de relieve es la necesidad de reforzar la cooperación global para hacer los avances científicos accesibles, transparentes y, en última instancia, más eficaces. Conseguir una vacuna que sea un bien público mundial, será una gran virtud, propia de una mente sabia y humana. Dejaremos de atormentarnos en la medida en que nos auxiliemos recíprocamente. Por desgracia, nuestro gran suplicio en la vida proviene de no vivir y no dejar vivir, de que nos hemos vuelto egoístas y de que estamos solos.

Por consiguiente, hay que despojarse de soledad y también de todo victimismo. Nos hace falta compartir más y dejarnos acompañar por los innatos valores y principios. Acoger lo que hay de bueno en la experiencia de los demás, por si mismo ya es un gran avance. Lo importante es no cesar en el empeño. Buscar la certeza y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre corazón a corazón a un anhelo común, más fuerte que la represalia, es toda una victoria humanística. Este tipo de glorias son las que nos alientan. Rompamos la cadena de venganzas. Sólo así llegaremos a esa regeneración planetaria de moradores, con sus clarividencias depuradas, de todo germen que consuma su energía vital. Los horrores tienen que ser agua pasada que no mueve molino, si en verdad queremos recuperarnos, rehabilitarnos y hasta retroalimentarnos condescendientemente. Al fin y al cabo, uno no puede dormir bien si se ha acostumbrado a practicar la estupidez del mal, esencialmente antinatural, aunque nos persiga con su sombra y coma de nuestro plato.

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MOMENTOS PARA EL RECUERDO

POR: Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

“La memoria es la gran enciclopedia vivencial para no repetir los tropiezos”

El pasado es lo que inmortaliza un presente cargado de experiencias; y, así, también nos sentimos cercanos a los nuestros, a los que nos precedieron en el andar y nos dieron savia con su existencia. Por ello, desde siempre, las gentes de todas las culturas se han preocupado de sus raíces y han tratado de resucitar emociones, que nos vinculan y nos hacen rememorar situaciones vividas con nuestros antepasados que ya han abrazado la eternidad. Indudablemente, los recuerdos forman parte inherente de la continuidad del linaje. Acudir, por tanto, a las tumbas es como licuarse en la poesía del silencio y en la soledad del tiempo; mostrar gratitud hacia nuestros predecesores y lealtad hacia esos versos del alma que no perecen. Quizás no exista el tiempo. Tampoco la muerte. Tendremos que mirarnos con otro aliento; y, tal vez, nos veamos en ese contexto invisible, que nos está invitando a salir de este cuerpo moribundo para regresar a la balada creativa del amor y del constante amar sin condiciones ni condicionantes.

En realidad, todos sentimos desconfianza ante la muerte, el fin de un trayecto visible, pero lo trascendente es no caer en el abismo de la nada. Levantarse a tiempo de las caídas del mundo, activar otros entornos más solidarios, así como vivir una vida a partir de los sueños; pueden ayudarnos a caminar con otro gozo y otras inquietudes. Necesitamos la eternidad para sentirnos como esa flor versátil en los labios de la luna, volver a ser luz y reaparecer como irradiación armónica. Lo importante es superarnos, salir de este aislamiento, cultivar la ternura como silabario verdadero de nuestros interiores, desprendernos de la oscuridad terrenal; y, así, podremos abrazar otros anhelos más puros, con la fuerza responsable de querer más intensamente nuestro mundo, lo que requiere del colectivo trabajo persistente para construir un futuro real. Desde luego, la concienciación de lo auténtico en nuestro caminar por el planeta debe ser tan verídico como la vida misma. En consecuencia, hemos de buscarnos y de rebuscarnos profundamente, al menos para poder hallar otro amanecer de más dichas y menos calvarios.

Los vivos nos reencontramos con los difuntos en cualquier esquina; solo tenemos que arrodillarnos ante su soledad e implorar el pulso reconciliador con nuestro caminar sobre la tierra. Con esta dimensión poética se comprende también la práctica de ofrecer por los difuntos momentos de inspiración, intercambio de dones entre esos caminantes que aún peregrinan y aquellos que han fenecido ya, pero que siguen unidos a nosotros en esa red espiritual de espera y esperanza, tras cruzar el umbral de la temporalidad. Al fin y al cabo, todos vivimos mar adentro bajo una misma perspectiva, la del encuentro definitivo bajo la inmensa luz del verso fundido en el verbo. Este sol de unión y comunión cae hoy sobre nuestra vida andante, con deseos de estremecernos y no tropezar más con las piedras que nos ahorcan. Será bueno, por consiguiente, blanquearnos internamente con la mediación e intercesión de aquellos que nos antecedieron, imitando el modelo de vida en donación y en mansedumbre que nos legaron.

En ese cohabitar existencial lo que si tenemos que hacer es comenzar por imaginarnos un orbe más fraterno. La memoria es la gran enciclopedia vivencial para no repetir los tropiezos. Precisamente, en toda instrucción el abecedario del recuerdo está impreso en los libros del alma. Cada cual lleva consigo su propio abecedario de alabanzas. Lo importante es orientarnos en la escucha, guardar silencio y hacer soledad para situarnos en el buen horizonte y ponernos en sintonía con las sábanas de la decencia. Posiblemente, en la paz de los cementerios, nuestra mística se transfigure; a través de esa contemplativa innata que todos llevamos consigo, y haga de nosotros un auténtico cambio de comportamientos, que nos inste a reconstruirnos más humanamente. Debemos contribuir, cada cual consigo mismo, a esa modificación de actitudes que nos concilien. Ojalá despertemos y salgamos de esta frialdad de corazones muertos.

Me niego, personalmente, a seguir con esta anestesia viviendo. El referente de nuestra ascendencia puede ayudarnos a reflexionar, a salir de nuestras tristezas y a reírnos de las miserias del caballero indigno, don dinero; pues, aunque en este preciso momento, nos sintamos nostálgicos por las ausencias, también nos sentiremos gozosos de saber morar en la recreación existencial, mostrando agradecimiento por siempre, de llegar a la vida por ellos. Precisamente, por sus lágrimas y las nuestras, tenemos que mostrar lo mejor de nosotros para no continuar equivocándonos de camino. Jamás cerremos las puertas del corazón al proceder sensato, que vivir seriamente por dentro, es no morir jamás; porque cuando la muerte sea en nuestro cuerpo, permanecerán las huellas inmortales del sentimiento sobre la corriente del espacio.

Algo más que Palabras

EL FUTURO ESTÁ EN EL CAMBIO

POR: Víctor Corcoba Herrero / Escritor Español

A cualquier ser humano el futuro le pertenece y tiene que ganárselo por sí mismo, pero junto a sus análogos. Recordemos la firme convicción, de cómo surgen las Naciones Unidas después de una triste contienda, precisamente del compromiso de unas gentes diversas que se implican en mantener la paz y la seguridad internacionales, avivando entre los países relaciones de afecto, suscitando un progreso para todos, con un mejor nivel de vida y el cumplimiento de los derechos humanos. Lo mismo sucedió con la Unión Europea, un grupo de entusiastas soñadores, deseaban un porvenir mejor y lo hicieron sustentándolo en la capacidad de trabajar unidos, superando las divisiones, sin frentes ni fronteras entre sí. Estos claros testimonios lo que nos indican, es que necesitamos pensar más los unos en los otros, cuidar de la fragilidad de cada cual, con expresión de cercanía que es lo que en realidad nos libera de todos los males, alentándonos y alimentándonos con el abecedario de lo armónico, cuando menos para perder el miedo y ganar confianza en nosotros y en los demás. En efecto, el futuro está en la caída de todos los muros, en los lenguajes del alma, en la propia existencia que ha de ser, más auténtica; cada uno con su propio latido, pero todos hermanados, sin tantas dominaciones ni influencias.

Lo trascendente es proyectarse en los demás, restituir el hogar común hasta agotarse, por hacer un mundo muy distinto al actual, donde todavía los derechos humanos no se han universalizado y el desvelo europeísta tiene tras de sí el desastre del huracán discriminatorio, aparte de otros incumplimientos. Desde luego, ahí está el escaso interés de algunas naciones en la promoción del reparto equitativo de responsabilidades entre mujeres y hombres, lo que contribuye a disminuir irreparablemente, ese espíritu humanitario, basado en la complementariedad y diversidad, que todos requerimos de una forma u otra, ya que es lo que nos enriquece y nos hace avanzar. Por otra parte, se nos suele llenar la boca de buenos deseos, y aunque eso no es malo, lo culminante es llevarlo a buen término. Me refiero, sobretodo, en referencia a que las mujeres tengan exactamente la misma dignidad e idénticos derechos y obligaciones que los varones, o a que los ancianos se les deje de aniquilar, cuando dejan de ser útiles, como si ya no sirviesen para nada. Ciertamente, el mañana hemos de construirlo en igualdad de género y de modo intergeneracional. No olvidemos, que la sabiduría se alcanza con la cátedra viviente y compartiendo ese magisterio, no excluyendo a nadie. De igual modo, las expresiones de racismo, vuelven a deshumanizarnos, demostrado así que los supuestos avances sociales no son tan reales ni tampoco están asegurados en todo momento.

Es evidente que se han acrecentado los focos de tensión y esto no es bueno para nadie. El rumbo inhumano nos está dejando sin respiración. No podemos continuar, por tanto, cruzados de brazos; permitiendo que esos sentimientos de pertenencia a una misma humanidad nos desvinculen por completo, máxime en un momento de restricción de movimiento, de inseguridades y de persistente aislamiento, provocado por la pandemia de Covid-19.

Por separado, está visto que no se puede batallar la vida. Requiere de la actuación conjunta. Por eso, que importante es reconocerse y conocer culturas, soñar enhebrados en la unidad, sabiendo que como seres pensantes, estamos llamados a entendernos en la reconstrucción de un mundo fraterno, que a todos escucha y además tiende la mano.

Son muchas las crisis que atravesamos, pero también el camino es nuestro. Se trata de que seamos perseverantes en ese espíritu libre, dispuesto siempre a donarse, a superar las enemistades y a protegernos, con el bálsamo del amor, que al fin es el que rompe todas las cadenas que nos separan, tendiendo puentes, extendiendo brazos, ensanchando el gozo del encuentro. No tiene sentido, pues, ponerse en guardia y activar las armas. Lo sustancial es siempre salvar vidas; y, bajo este germen, ha de estar siempre ese apoyo de todos, mediante gobernanzas responsables que contribuyan a una ciudadanía igualitaria; donde, de una vez por todas, deje de cambiarse la libertad por el poder.

Será estúpido proseguir en el absurdo, malgastar el tiempo en no hacer nada, cuando el destino está abierto a nuestra labor. Pensemos que toda la vida es un cambio, y como tal, ha de ser también un fecundo intercambio de pareceres. Un pueblo que progresa desde su original sustrato humanístico, acaba desarrollando su potencial y enriqueciéndonos a todos. Únicamente una cultura solidaria que incorpore la hospitalidad como actitud de vida podrá tener futuro. No importan los contextos en los que se nace, lo fundamental es trabajar codo con codo, activar la siembra del cambio como poetas en vela, poblándonos de sueños y repoblándonos de anhelos, para que se produzca un cambio en los hábitos y en los estilos de vida. No es fácil esta faena, lo reconozco, es menester valentía y generosidad, buen talante en orden a reequilibrar emociones y a reorientar vientos que nos degradan y además nos disgregan. Como siempre en esto, lo significativo es el amor que nos prodiguemos, para que la fragmentación social deje de envolvernos. Incluso nuestros propios pasos merecen consensuarse, principalmente a la hora de reconocernos en el que camina a nuestro lado, al que siempre hemos de mirarlo con los ojos del corazón, para activar la sapiencia de la interlocución como vía, el espíritu cooperante como directiva y la sensatez como método y criterio.

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HAY QUE TOMAR EL TREN DE LA UNIÓN

POR: Víctor Corcoba Herrero/Escritor Español

“Todos volamos en un mismo globo, donde el mal de uno perjudica a los demás”

La unidad es lo único que tiene futuro. Nada se consigue con ánimo distante, sin confluencia de pulsos, puesto que necesitamos sobrellevar cargas que son de todos. La evidencia está en los hechos, en esa degradación ambiental que nos hemos propiciado a nosotros mismos, bajo ese clima de contradicciones y abusos que nos desamparan en una espiral de muerte, donde nadie está a salvo, en parte por las alteraciones en los medios de vida provocadas por el cambio climático y por el incremento de dolor y de violencia vertida en cualquier esquina. Así, desde luego, no se puede armonizar nada. Nos hemos acostumbrado a querer ser autosuficientes, y lo peor es que nos lo hemos creído, cuando en realidad pensar solo en nuestros intereses es el motivo de todos los males, que nos acorralan, fruto de ese endiosamiento que nos impide abrazarnos para que renazca la concordia de una vez por todas. Pensemos, que allá donde habita la paz, siempre hay gloria.

Conciliarnos humanamente es la gran asignatura pendiente. En este sentido, hemos de celebrar la apuesta de muchas organizaciones internacionales, preparadas a activar auténticos diálogos en todo el planeta y entre países, en sectores diversos e intergeneracionalmente. Juntos tenemos que aprender, y no hay otro modo que el respeto mediante la escucha, el diálogo a partir de la verdad, y aprender de las experiencias de todos y entre todos. No podemos bajarnos de ese convoy de vivencias, tenemos mucho que compartir para anidar en comunidad. Sólo la entrega generosa, conlleva ese horizonte de quietud que contribuye a la aproximación entre análogos. No es cuestión de señalarnos unos contra otros, sino de fundirnos en esa cultura verdadera del abrazo, que es lo que realmente nos fraterniza y saca de nosotros, ese aire humanitario que requerimos para poder subsistir y continuar en el linaje.

Definitivamente, tampoco podemos perder más tiempo en la toma de ese rumbo que nos concilie, porque en realidad hemos de reencontrarnos para poner fin a nuestras miserias; pues hoy, más que nunca el mundo tiene una ardiente necesidad de sosiego. No podemos acostumbrarnos a ese mundo tenebroso, cuajado y desquiciado de tensiones y conflictos, que nos llevan a demasiadas guerras, a un lenguaje de división que nos arrebatan la placidez. Ojalá aprendamos a rectificar, a trabajar por una globalización justa, con el cumplimiento del abecedario de los derechos humanos y el rechazo categórico del odio. No hay que perder los sueños, y en la medida que nos sintamos corresponsables, venceremos todas las ofensivas. Así, pues, pongamos fibra en lo humano, seamos perseverantes en ello, que todos necesitamos alzar el valor, ser tolerantes y comprendidos. Lo peor es lavarse las manos como Pilatos. No olvidemos que todos volamos en un mismo globo, donde el mal de uno perjudica a los demás.

Por consiguiente, el hermanamiento, que nace de la cognición de ser una sola humanidad imbuida en diversas expresiones, ha de penetrar en el corazón de cada cual, en la vida diaria de los pueblos y ciudades, entre los gobiernos y gobernantes; y, de esta manera, no caer enfermos en la contrariedad permanente. Tener claro la interconexión entre todos ya es un gran avance. Por eso, nos entristece que la evolución de las mujeres hacia la igualdad de género se estanque, en un mundo tan necesitado de diversos apoyos cooperantes. También nos causa desánimo que caminemos hacia sectores incapaces de regenerarnos; con alientos corruptos y sistemas agroalimentarios verdaderamente nocivos. De igual modo, nos sobrecoge hasta sentirnos totalmente desorientados, el menosprecio de la vida, cuestión que nos arrincona la esperanza y nos lleva hacia una existencia que todos nos merecemos dignificarla por principio natural. Tengamos presente, que allí donde el mando oprime, no puede haber buen gobierno ni tampoco buen coexistir.

Es lo más, vivir y dejar vivir, cuando menos liberados del temor y de la miseria, con el disfrute de la libertad como vuelo, el regocijo de sentirse seguro y jamás abandonado. Sin obviar que hoy es el mañana por el que nos preocupábamos ayer, se nos viene a la mente, la firme convicción de los padres fundadores de la Unión Europea, los cuales deseaban tomar la pompa del acuerdo, favoreciendo el entendimiento y la unidad entre las naciones. Perpetuemos este anhelo innato de integración y fraternización entre pueblos. Ahora nos toca, sin duda, practicar la inclusión mediante una laboriosidad permanente de apertura y alianza entre culturas. No se puede bajar la guardia. Nadie madura ni alcanza su plenitud encerrándose, cercándose y discriminando a su antojo, cuando lo que hemos de mostrar es ese espíritu de permanente servicio, más allá de las propias fronteras de cada cual, pues tan esencial como la vida misma, quizás sea promover el desarrollo de relaciones amistosas entre los países, así como practicar la cohesión social para no desechar a nadie, y menos un ser humano, de nuestro ámbito viviente.

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REVISIÓN AL MAÑANA 

POR: Víctor Corcoba Herrero/Escritor Español

“Asentemos corazón en lo que hacemos y juntemos latidos en rogativa de cambio”

Todos los aconteceres de la vida nos revelan algo. La pandemia, por ejemplo, nos ha puesto en entredicho nuestros comportamientos: la insolidaridad manifiesta entre nosotros y la incapacidad de los países, con sus gobiernos al frente, para trabajar unidos. La pérdida de valores, el descarte de vidas, la confrontación permanente, la ausencia de proyectos comunes, el incumplimiento de obligaciones, el desprecio o la violación de derechos fundamentales, son manifestaciones graves, gravísimas,que deben movernos a rectificar, pues el hecho de “dejar pasar”, lo que nos resta verdaderamente es supervivencia yfuturo. Quizás tengamos que empezar por hacer valer nuestro espíritu ciudadano. Para empezar, los sistemas sanitarios en todo el mundo, deben ser mucho más generalistas y accesibles, sobre todo con aquella ciudadanía de bajos ingresos o de pobreza extrema. Tal vez tengamos que respetar mucho más e intentar hacer realidad aquellos objetivos en pro del bien común universal, que suelen trabajar las organizaciones internacionales. Hay que pasar de las palabras a los hechos. Ha de ser prioritaria la acción, con las ofrendas recíprocas de admiración y cariño, de los unos hacia los otros. No podemos, ni tampoco debemos, quedarnos dormidos. Hemos de despertar, si en verdad queremos alumbrar el día de mañana con el de hoy, lo que nos exige fomentar la cooperación y la coordinación mundiales, el fecundo intercambio de vivencias en suma. 

​Revisar el mañana, por tanto, es tarea de todos. Nadie se excluya, todos tenemos algo por lo que enmendarnos. En efecto, hay que ponerse en acción de emprender una transformación de modos y maneras de vivir, con un calentamiento global sin precedentes y con una pérdida de biodiversidad grande. En un contexto de tantas dificultades, no es posible forjarlo en solitario, pero sí de manera conjunta es cómo podemos avanzar, replanteando la consideración hacia toda vida, dignificándola hacia ese destino común y haciéndonos olvidar contiendas inútiles que lo único que hacen es destruirnos. Quitemos las armas del mundo, restituyamos el abrazo permanente y pongamos el auxilio recíproco como diario de vida.Asentemos corazón en lo que hacemos y juntemos latidos en rogativa de cambio. Indudablemente, la tarea no es nada fácil. Para empezar, tenemos que tener claro, que no hay avance sin diálogo ni compromiso. La humanidad tiene que humanizarse. Y no hay modo de hacerlo, que no sea con una evolución que aproveche todos los dones y talentos conseguidos hasta ahora. Esta es la esperanza, esa inclusión y esa memoria histórica de la que tanto hablamos, pero que en demasiadas ocasiones la ignoramos. Ojalá volviéramos a descubrir esa necesidad inherente e innata de sentirnos acompañados. En cualquier caso, reconozco, que no me gustan esos afanes posesivos, esos desvelos irresponsables que activan el encontronazo en vez del encuentro. El empeño debiera ser otro, más allá del bienestar propio; pues, a veces, es la realidad misma la que clama y se rebela asimismo.

​Es cierto que cada jornada vivida le alcanzan sus temores y que no hay que anticipar los de mañana; pero, realmente, el futuro siempre se ha dicho que cae del aliento de los críos que van a la escuela. Por eso, es importante que los educadores tomen conciencia de que suresponsabilidad tiene que ver más que con referencia a programas y contenidos, que también, pero sin obviar, de ningún modo, esas dimensiones morales, espirituales y sociales, que son las que verdaderamente nos humanizan.Creo que esto además es la gran asignatura pendiente.Cultivar estas actitudes nos harán crecer más por dentro, y por ende, seremos más copartícipes. En estos momentos, precisamente, cuando todo parece desmembrarse y diluirse en necedades absurdas, lo que se requiere es la capacidad de servicio y entrega a los demás; máxime en un instante en el que hemos de aunar esfuerzos para salvar vidas y atenuar la devastación social y económica de nuestros pueblos. Sin duda, una situación armónica es indispensable para facilitar el acceso humanitario en situaciones de vulnerabilidad y pobreza. Despojémonos, por tanto, de nuestras miserias humanas y démonos una oportunidad a vivir en la quietud, con la creación de otro ambiente más de concordia. Fuera desavenencias. A propósito, el llamamiento lanzado este mismo año por el Secretario General de las Naciones Unidas en el que pedía un alto al fuego mundial para todos los conflictos, nos alegra que cuente ya con el respaldo de multitud de países. Este es uno de los muchos caminos a revisar para que no hablen más los artefactos. La puesta de un empuje abierto al mundo entero, acogiendo las diferencias y confluyendo en ellas, nos hará más  libres, pues todos tenemos algo que aportar a los demás. La cátedra viviente ha de compartirse. Desde luego, que sí.