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Enfermos crónicos, el negocio millonario de las farmacéuticas

POR: Hugo Ramírez Iracheta

Los avances científicos y tecnológicos actuales ofrecen adelantos que facilitan –y aletargan-, nuestras vidas. Habrá quien afirme no hay paralelismo con civilizaciones del pasado. Pero si volvemos nuestra atención a épocas anteriores, encontraremos la magnificencia de la primigenia Mesopotamia, las “edades de oro” de Grecia y Roma, así como el esplendor del Renacimiento.

Esas etapas de las sociedades influyeron en todos los quehaceres del homo sapiens. Aunque al parecer en la actualidad no se tiene consciencia del impacto psicológico y emocional que tuvieron en el hombre, al igual que en el desarrollo de la inteligencia.

Pese a su desarrollo intelectual, las culturas del pasado tuvieron defectos. En ellas la constante fue la lucha por el poder, que significó apoderarse de las riquezas, esclavizar grupos sociales e instituir las castas (ahora clases sociales). ¿Se podría pretender minimizar la falta de empatía de los seres que “deshumanizaron” a otros tratándolos como bestias porque el oro, la guerra y el poder eran cuestiones fundamentales?

La respuesta tal vez no sea posible darla si tenemos como referencia el desarrollo de ética logrado y consideramos las diferencias establecidas por el devenir de todo cuanto consideramos humanístico. No deberíamos juzgar a las sociedades del pasado en base a nuestro conocimiento filosófico, psicológico, antropológico y sociológico. Se puede aducir que el desarrollo humano de aquellos tiempos así lo exigía.

Pero a la sociedad actual sí se le puede examinar. Desgraciadamente, en el análisis el homo sapiens no sale bien librado. Pero aquí es necesaria una aclaración. Al citar a la civilización se habla del “hombre”, definición que incluye a todos los individuos, sin excepción.

Esto podría ser incorrecto. No todos los individuos quieren la guerra como forma de obtener fama, acumular grandes riquezas para beneficio personal, detentar poder para imponer la voluntad propia sobre otros y hasta matar a quienes se oponen a sus delirios de grandeza.

EL TEMOR A LA ENFERMEDAD Y LOSMILLONARIOS LABORATORIOS FARMACÉUTICOS

Uno de los mayores temores en la vida es padecer una enfermedad. La mayoría de las veces no es por el padecimiento en sí. El temor es por miedo a carecer de

medios para combatirlo. Cuando es por falta de recursos económicos el sufrimiento es mucho mayor, tanto si el mal es propio, lo padece algún familiar o aflige a un ser querido.

El precepto de Hipócrates, médico de la Grecia antigua, se ha vuelto un exhorto anacrónico. Su principal postulado especificaba: “No llevar otro propósito que el bien y la salud de los enfermos”. La prioridad de la mayoría de los médicos, en estos tiempos de capitalismo salvaje, es buscar la prosperidad económica personal. No importa la religión, filosofía o cualquier otro aspecto humanístico.

En la pérdida moral de los médicos los laboratorios farmacéuticos han tenido mucha influencia. Los corrompen ofreciéndoles “premios” por prescribir sus medicinas. Esos regalos suelen ser equipo médico; pago de viajes turísticos; cursos de especialización; libros o dinero en efectivo –el gran torcedor de la moral-. Miles de profesionales de la salud aceptan vender su dignidad.

La industria de la salud, manejada por los laboratorios farmacéuticos, se ha constituido en un monopolio mundial que ha olvidado tres objetivos de la medicina altruista: curar enfermos, no causar daño a nadie y buscar siempre el bienestar del paciente. En esta era de gran desarrollo tecno-científico, las ciencias humanísticas quedaron ampliamente rezagadas.

Y enfermedades que pudieran ser curadas, no solamente controladas -como se hace en el presente con “pacientes cautivos”, se les ha convertido en “clientes hasta la muerte”. Luego de decenas de años de supuestas investigaciones científicas, no se ha encontrado cura para la diabetes, hipertensión, cáncer y otras más.

El monopolio sanitario ha sido denunciado en múltiples ocasiones. Sin embargo, los laboratorios prosiguen cosechando enormes utilidades. No existe ley alguna que pueda poner un alto a sus prácticas depredadoras. Su capacidad económica es inmensa y su poder de corrupción ha doblegado los principios morales de muchos gobernantes.

Por lo demás, el sistema ha hecho suyo el privilegio no escrito de hacer cumplir el precepto capitalista relacionado con la medicina: “La enfermedad y la muerte son el precio que debe pagarse por el confort de las élites económicas”.

Contrapunto

POR: Hugo Ramírez Iracheta

El actual gobierno reconoce la importancia que tiene la iniciativa privada en la economía de la nación, así como en el desarrollo y progreso del país. Sin embargo, algunos empresarios (pocos, en verdad), maliciosamente afirman que el actual gobierno pretende a futuro “apropiarse de sus empresas”, lo cual es totalmente falso.

Ocurre lo anterior pese a las aclaraciones vertidas al respecto y que manifiestan un respaldo total para que los inversionistas tengan protección del Estado mexicano, derecho a recuperar su inversión, así como a obtener utilidades justas. Estas condiciones existen en México, al igual que en cualquier otra nación democrática.

Desgraciadamente hay empresarios voraces que quieren todos los beneficios, sin importar que no cumpla con los derechos de los trabajadores. Claudio X González pretende todos los privilegios para la oligarquía. Esta clase es obsoleta y, sobre todo, anacrónica, pues en este tiempo los intereses de la clase obrera se reconocen en casi todo el mundo.

Este autoproclamado líder de la IP ha exhortado a los partidos políticos PRI, PAN, y PRD a trabajar con ahínco para ganar en las elecciones de diputados. Así tendrían mayoría de oposición en la cámara de diputados. Además, abre la posibilidad de rechazar las iniciativas del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Las propuestas del Primer mandatario se caracterizan por el apoyo a la clase trabajadora, la cual muestra un marcado retraso en el objetivo de tener los satisfactores básicos y lograr un nivel que sobrepase la línea de la supervivencia.

Claudio X González, junto con su par, Gustavo de Hoyos, ha manifestado estar en contra de un gobierno interesado en las clases sociales desprotegidas. El mismo gobierno que, ni por un momento, ha dejado de atender a los sectores con mayor capacidad económica.

Pese a la lo anterior, Gustavo de Hoyos y Claudio X González han desplegado una campaña que podría ser calificada de lucha de un grupo oligárquico en contra de una nación que tiene un amplio historial de pobreza.

Ilusiones

POR: Hugo Ramírez Iracheta

EN EL CAPITALISMO, la prioridad de los gobernantes es entregar a la iniciativa privada depredadora todos los privilegios, no importa si la nación cuenta con una constitución de contenido social. Se pretende que nada pueda entorpecer sus objetivos depredadores. Cuenta además con dinero de sobra para corromper a quien pretenda oponerse a su objetivo de acrecentar las fortunas de quienes forman el “Estado profundo”, el “Nuevo orden mundial” o como se quiera llamar ese grupo conformado por dueños de grandes riquezas.

LA POLÍTICA se ha caracterizado por el malicioso proceder de quienes la practican. Entre las actividades más notorias están la traición, la corrupción y la avaricia, las cuales se practican en forma exagerada. En todas las naciones del mundo existen estos defectos, pero México registra una práctica muy elevada. El Gobierno federal combate la corrupción, pero su avance es lento debido a la oposición de los conservadores. No puede olvidarse que gran parte de la sociedad ha sido inoculada por la avaricia y muchas personas quisieran tener bodegas llenas de dinero, sin importar los medios para lograrlo.

Pepe Mujica, ex presidente de Paraguay que renunció a su cargo público porque la edad y la COVID-19 obstaculizaban su labor. Escribió, con notable acierto, sobre quienes medran en la política: “Hay gente que adora la plata y se mete a la política. Si adora tanto la plata, que se meta en el comercio, en la industria, que haga lo que quiera, no es pecado, pero la política es para ayudar a la gente”.

¿NOVEDAD? En la película “The magnificent Ambersons” (El cuarto mandamiento), de Orson Welles (quien por cierto detestaba a Hollywood por su desmedida comercialización, y a su vez fue rechazado por el sistema jolivudense), pone la siguiente frase en labios de un personaje: “Estos padres quizá serían mejores padres de no haber tenido mucho dinero”. Hace referencia a George, hijo mimado, sin pizca de responsabilidad y cuyo único propósito era la diversión. Este fenómeno se repite con demasiada frecuencia en las familias. Falta poco para que los bebés en lugar de chupón traigan un celular.

Dicen en las calles

POR: Hugo Ramírez Iracheta

EL DERECHO a estar informado es tan importante como la libertad de expresión. El hecho de que un gran sector de los medios de comunicación masiva oculte información, la manipule o difunda mentiras, implica que muchos medios están bajo la influencia de la oligarquía. Este dominio tiene como objetivo conseguir el poder político para someter a la sociedad y explotarla sin que nadie se oponga.

EL AUTOR de “El Principito”, Antoine de Saint-Exuperi, escribió: “Si queremos un mundo de paz y de justicia, debemos poner la inteligencia al servicio del amor”. Examinada la frase, sin duda se desechará la fuerza bruta y se optará por la razón. Además, hay que tener en cuenta que en la guerra no importa quien gane, todos los involucrados pierden. La única ganadora es la industria armamentista, cuyos dueños son marchantes del dolor y la miseria humana.

LOS CAPITALISTAS tienen todo el derecho del mundo de obtener utilidades de sus inversiones. Nadie se opone y ni siquiera se pone en duda su garantía a exigirlas. Lo que no es aceptable es que las ganancias sean excesivas y los salarios no paguen el esfuerzo del trabajador. No es posible que los ricos vivan con lujos extravagantes, mientras los trabajadores apenas logran sobrevivir junto a sus familias. La explotación de quienes venden su fuerza laboral ya no debería de existir. Lamentablemente, la avaricia hace que muchos patrones vean y traten al trabajador como un esclavo.

LA BÚSQUEDA de la felicidad -uno de los grandes impulsos del ser humano-, se malentiende como la obtención de muchos bienes materiales. Posiblemente la plebe no tenga esa idea porque su prioridad es la supervivencia. Pero los pobres aspiran a ser como la gente de la clase media, y este grupo imita el comportamiento de los ricos, quienes a su vez pretenden igualarse a los mega- millonarios. Claro está, todos fallan lastimosamente. Por cierto, tampoco los exageradamente acaudalados logran la felicidad, pese a la posesión de grandes fortunas.

Contrapunto

POR: Hugo Ramírez Iracheta

FURTIVAMENTE, sin que la sociedad se entere, (solamente lo saben aquellos que siguen el acontecer geopolítico), está en proceso un fenómeno que pasa inadvertido para la gente: las élites económicas del mundo se apoderan del poder económico, político y social del mundo.

Concentrada la riqueza, las influencias y los hilos para titiretear a la plebe, pobres, clase media y ricos (no confundir con quienes poseen miles de millones de pesos), la manipulación de las masas se desarrolla subrepticiamente.

Los dueños de inmensas riquezas se percataron que el dinero es un dios que casi todo lo puede (menos evadir la enfermedad y la muerte de sus dueños), y demuestran su capacidad de mando en todo el quehacer humano.

Para las familias archimillonarias, con dinero suficiente para que la quinta generación de sus descendientes dilapide inmensas fortunas en una vida de lujo inimaginable, los necesitados son un reproche no percibido.

Muchos dirán que su estado social se debe a su propia abulia y falta de voluntad para abandonar ese segmento social. Así que los acaudalados no experimentan sentimiento de solidaridad alguno, mucho menos culpa por el infortunio existente.

La apatía es tan grande que miles de seres humanos (niños, adultos y viejos), mueren a diario por enfermedad, desnutrición y guerras intestinas. Nadie se preocupa por el derecho y la justicia social, que son una obligación humanística, así como la de cuidar al prójimo. Se ha llegado a la inmunización, casi general, contra el dolor ajeno.

Poco puede hacerse para evitar esa indiferencia que nos vuelve pasivos ante los peligros que crea nuestra apatía. La escalada

de los muy ricos que manipulan a la sociedad está muy avanzada.

Los medios de comunicación masiva han sido trastocados en un dios malévolo que maneja a su antojo a las personas. Les dicta qué hacer social y políticamente; lo bueno o lo malo y hasta su forma de pensar. Y la gente es esclava sin tener consciencia de su esclavitud.