Autodeterminación y no intervención

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POR: Fernando Rangel de León 

Los entreguistas al gobierno de EE.UU., y los sectores que están en contra de la historia, que le pidieron al Presidente Andrés Manuel López Obrador, que desconociera al gobierno de Venezuela, encabezado por Nicolás Maduro; son los mismos que en los años 60s del siglo XX, le pidieron al Presidente Adolfo López Mateos, que desconociera al Gobierno de Fidel Castro Ruz, no habiendo ambos accedido a ello por razones de nuestra política exterior.

Así como es histórico que México fue el único país de Latino América (de los 21 que son), que en 1962 no votó en la Organización de Estados Americanos OEA, la expulsión de Cuba, y no desconoció al gobierno de Castro, a pedido de EE.UU.; también será histórico que ahora en 2019, nuestro país decidió no desconocer al gobierno de Maduro.

El gobierno norteamericano inmediatamente después de la Revolución de 1910, reconocía y desconocía a los gobiernos revolucionarios, pretextando que eran ilegítimos; para sacar ventajas de México; como la obtuvo del Presidente Álvaro Obregón, que a cambio de otorgarle su reconocimiento, lo hizo firmar el Tratado de Bucareli, por el que el gobierno de México le garantizó al de EE.UU., la explotación petrolera sin restricciones, y lo obligó a no industrializar al país para seguir dependiendo del vecino del norte.

Para acabar con esa política exterior de Norteamérica en México y en América Latina, el Secretario de Relaciones Exteriores de nuestro país Genaro Estrada, en 1930 durante la Presidencia de Pascual Ortiz Rubio, emitió una declaración diplomática que se conoce como la Doctrina Estrada, consistente en que México no podía pronunciarse sobre el reconocimiento o no de un gobierno extranjero, porque esa era una forma de intervenir en los asuntos internos de otro país que solo a él correspondían; que nuestro gobierno se limitaba a mantener o retirar a sus agentes exteriores; como lo demostró México el 11 de septiembre de 1973, cuando en Chile el legítimo y primer Presidente socialista en la historia

mundial, que llegó al poder por el voto popular Salvador Allende, fue derrocado mediante el golpe de estado de Augusto Pinochet, al que México no desconoció, pese a que lo impuso EE.UU., y que violó todos los derechos humanos, y asesinó a miles de chilenos, cuya dictadura se prolongó hasta 1990 en que en un plebiscito lo sacaron del poder.

Esta política exterior de México, que está siguiendo al pie de la letra AMLO, se encuentra en nuestra Constitución que lo obliga a observar los principios de “autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales”.

La cual está aplicando, junto con el gobierno de Uruguay, al invitar diplomáticamente al gobierno venezolano a una salida pacífica al conflicto; lo que de muy buen agrado aceptó el Presidente Nicolás Maduro.

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