Apología del Delito

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POR: Fernando Rangel de León

Los lamentables hechos ocurridos el viernes 10 de enero, en un colegio en esta ciudad de Torreón, en los que perdieron la vida una maestra y un alumno, y un maestro y cinco alumnos resultaron heridos, son una lección de la que todos podemos aprender algo.

Estos hechos son efecto de otros parecidos que ocurrieron en un colegio de Monterrey, en 2017; y acontecen con alguna frecuencia en colegios de Estados Unidos; y de lo que se trata es que los de Torreón, ya no sean causa para que se repitan.

Para eso es conveniente entre otras muchas cosas empezar a no darles tanta publicidad como si se tratara de algo digno de imitarse, sobre todo por las niñas y los niños, quienes en su mayoría todavía no miden las consecuencias de sus actos; de los cuales muchas veces se arrepienten.

Existió en casi todos los códigos penales de México, un delito que protegía a la sociedad contra la alabanza de un delito, porque esta exaltación al hecho penal fomentaba su imitación como si el delito fuera una hazaña y quienes los cometían eran unos héroes, dignos de emularse, de imitarse; y que se llamó apología del delito.

La apología del delito evitó que se siguiera cometiendo; por lo que su derogación en los códigos penales, es una lástima; y debería de verse la conveniencia de restablecerse con las adecuaciones de los avances de la tecnología, la ciencia y la cultura.

El elemento esencial de la apología del delito, era el dolo, la intención de que se siguiera cometiendo el delito, ensalzándolo públicamente.

Pero sin proponernos causar daño alguno, algunos incurrimos en apología del delito, sin ninguna mala fe, sino solo por morbo u otras motivaciones; sin darnos cuenta que estamos haciéndole publicidad a los delitos.

Sobre todo los que tenemos hijos y nietos debemos tener mucho cuidado con lo que decimos delante de ellos al hablar de hechos como los que ahorita nos conmueven por trágicos; y alertarlos a no dejarse que quienes los rodean, se los distorsionen.

Lo que si se debe de divulgar lo más ampliamente posible, es todo lo bueno que a diario hacen las niñas y los niños, adolescentes y jóvenes, y sus

maestras y maestros, en las aulas y en los laboratorios de las escuelas, de una manera muy modesta, como la obtención de primeros lugares en todas las disciplinas, la realización de pequeños inventos, el hacer sencillos descubrimientos, en todas sus actividades manuales, académicas, artísticas, etc. y practicar deporte en sus campos; porque son más buenos que malos.

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