Al campo mexicano le iría mejor sin TLCAN

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POR: Guillermo Correa Bárcenas 

Terminó la sexta ronda de negociaciones para actualizar el TLCAN con la incertidumbre plena que provocan los constantes cambios de humor de Donald Trump, que rindió su primer informe como presidente de Estados Unidos. Seguro que siguen sus amenazas de acabar con el acuerdo si a cambio el gobierno de México no paga la construcción de un muro que se levanta para dividir aún más a los dos países. Hay quienes dicen que sin Tratado de Libre Comercio de América del Norte al imperio le iría mal, pero a la nación azteca peor. Habría que ver.
Por lo pronto crecen las voces que consideran lo contrario. Importantes organizaciones relacionadas con el agro, uno de los sectores que más se han beneficiado en cuanto al ramo empresarial y que no deja de presumir la administración que se va, consideran que al campo mexicano le iría mejor sin el TLCAN.
Sus argumentos son contundentes. Por ejemplo, la Unión Regional Agrícola del Norte coincide con muchas otras al señalar que el agro nacional retrocedió en estos 24 años de relación comercial con los productores yanquis y los de Canadá. De hecho nunca se han dado condiciones para competir con ellos. Es más, si los granos como el maíz .sorgo y trigo dejan de estar comprendidos sería lo mejor porque se venderían al precio mexicano y no al internacional que fijan los estadounidenses, porque allá –dijo a Noticentro de Tamaulipas Agustín Hernández Cardona, líder de la URAN—los apapachan con generosos subsidios mientras que aquí el gobierno castiga a los productores con diésel y gasolina carísimos, fertilizantes y semillas igual.
En otras palabras: los costos de producción aquí son muy altos y allá casi regalados. Tan lo sabe el gobierno mexicano que prefiere importar la comida básica y de esta forma impulsar a los agricultores gringos. Lo peor, establece el dirigente tamaulipeco, es que ante las amenazas de Trump se busca ahora acudir a Brasil y Argentina, en lugar de apoyar a la agricultura mexicana.
Tan cierto es lo que se describe que por enésima vez marcharon ayer grupos numerosos de campesinos en recuerdo de que hace 15 años se firmó el Acuerdo Nacional para el Campo. Su presencia se hizo patente por Paseo de la Reforma desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo de la capital. También en Gobernación y en la sede de la SAGARPA donde se instalaron mesas de diálogo que se repitieron en Economía, SEDATU y SEDESOL. Y como el ANC no se cumplió cabalmente la principal demanda es el rescate del campo tras 24 años de la entrada en vigor del TLCAN.
El rechazo a seguir en el acuerdo comercial se dio incluso antes de que iniciara las pláticas para su modernización. No en nuestro nombre gritaron cientos de organizaciones, ya que ha significado la profundización del fracasado modelo del libre comercio a la vez que se pronunciaron por otra instancia de cooperación y complementación entre los pueblos de Estados Unidos, Canadá y México. Advirtieron que una negociación acelerada del TLCAN impuesta principalmente por Trump es, de parte de México, una claudicación.
Pero los negociadores mexicanos están obsesionados en mantenerlo y aprobar su actualización antes de entrar de lleno en la coyuntura electoral, al grado de que están dispuestos a ceder a cualquier demanda del gobierno de Estados Unidos y de las corporaciones trasnacionales. Desde la visión de los opositores, si se terminara nada cambiaría de la noche a la mañana; habría tiempo para replantear el modelo de relación que México realmente necesita. Lo único que terminaría son los súper-privilegios que actualmente tienen las empresas corporativas multinacionales y aun sin estos privilegios, para ellas seguirá siendo un buen negocio su relación con México y por ello no se irán. Sin el TLCAN, consideran que se quitarían las trabas que impiden regular estas relaciones a fin de que haya más beneficios aquí mientras se va transitando a un modelo económico menos dependiente del exterior.
Argumentan además que la baja aceptación que tiene el gobierno de Enrique Peña Nieto le quita cualquier respaldo a las pláticas que, por si fuera poco, se realizan en secreto. En todo caso exigen que los acuerdos sean públicos y la aprobación final no se realice sin una amplia discusión de todos los sectores de la población, porque a la actual administración solo le ha interesado oír la opinión de los beneficiaros del TLCAN que son unos cuantos grandes empresarios a los que se ha hecho copartícipes de la negociación.
El colmo es que se ha consultado e invitado a estar cerca de la negociación a representantes empresariales extranjeros con inversiones en México que pudieran resultar afectados por los resultados. El excluido principal es el pueblo mexicano y sus organizaciones y también el grueso del empresariado nacional. Y no olvidan que lo pactado en caso de que exista debe ser aprobado por el Senado de la República.
Las organizaciones que firmaron desde hace casi un año la postura que es vigente ante el anuncio del secretario de Economía de que el nuevo TLCAN será firmado a más tardar en marzo próximo llaman la atención de que ello representan un gran peligro para México cuyo gobierno se ha mostrado sumiso y servil.

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