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UN BUEN TRABAJO

POR: Fernando Fabio Sánchez
Twitter@fernofabiovida.

Los Deportes son mi vida. Desde que Albert Kennedy, el mariscal de campo del equipo de mi corazón empezó a ganar partidos, los días son la experiencia más alegre. El lunes despierto con energía y a lo largo de la mañana intercambio uno o dos mensajes de texto con mi hermano, quien es aficionado del mismo equipo. Al medio día, mientras como con los compañeros de trabajo, revisito las jugadas del día anterior. Por las noches, antes de dormir, veo en la tv los programas de análisis que hacen los especialistas. El martes es muy similar al lunes, y ese orgullo gozoso generado el domingo permanece hasta el miércoles y el jueves. Para el viernes ya llegó la ilusión del próximo partido. El domingo, Albert nos llevará a un nuevo triunfo.

Pero Los jaguares no siempre han sido un equipo ganador. Hacía diez años que no alcanzábamos las finales. Esos diez años en que perdíamos cada semana fueron los más grises de mi vida, pues tenía que escuchar que los otros presumieran el logro de sus equipos, que hablaran de las hazañas de sus jugadores favoritos; celebraran triunfos dramáticos y a veces aplastantes; consiguieran campeonatos y celebraran en las calles la pasión de sus colores. Llegué a pensar que todos tenían derecho a un equipo ganador, menos yo. Pero esperé con paciencia a que el equipo que había sido glorioso en los días de mi infancia regresara al camino del triunfo. Y así fue. Lo ha sido por Robert. Él nos ha enseñado a ganar otra vez.
Mas lo peor ocurrió este domingo. Todo iba muy bien e íbamos a ganar el onceavo partido cuando, en la última jugada, Robert dio un paso en falso y ¡se quebró la pierna! Como lo pueden intuir, pedimos el partido. Y, como lo pueden imaginar, desde ese momento se desencadenó una serie de hechos que
transformaron mi vida. El lunes, el júbilo ya no estaba. El martes estuvo lleno de trabajo, y lo mismo ocurrió los días siguientes. Esa serie de hechos encontrará un clímax esta tarde cuando, este domingo, tenga que salir por uno de los túneles de este gran estadio con las gradas repletas de aficionados, vistiendo el uniforme y con la responsabilidad de ganar.
—Ha llegado tu momento, Patrick —me dice el entrenador—. Demuéstrale al mundo que podemos
llegar a la final con un suplente.
Y así, amigos, lo voy a hacer. Deséenme lo mejor.

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