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SICARIO: UNA BÚSQUEDA POR ENTENDER EL NARCO

POR: Fernando Fabio Sánchez

La segunda entrega de la franquicia cinematográfica Sicario (Stefano Sollima, 2018) (la primera fue dirigida por Denis Villenueve en 2015), protagonizada por Benicio del Toro y Josh Brolin, nos muestra el mundo del narcotráfico desde el punto de vista de los intereses estadounidenses, y lo hace por medio del estilo de las películas de acción militar ubicadas en el medio oriente.
El estilo del filme es una alegoría de su tema central. Un grupo de mercenarios es comisionado para que lleve a cabo una venganza que el gobierno gringo no puede adjudicarse, como reacción a un ataque terrorista en el que participó un sujeto del medio oriente. Este sujeto viajó desde Asia a México por mar, y fue un cartel mexicano quien ilegalmente lo cruzó por la frontera.
Esta participación del cartel en asuntos de la política hace que sea considerado un grupo terrorista, por lo que debe ser blanco de una reacción militar. No obstante, el líder mercenario encargado de la represalia recomienda no matar al líder del cartel, pues eso produciría una proliferación de carteles. En su lugar, propone emprender una acción ilegal para que los mismos cárteles se enfrenten y se aniquilen entre sí.
De esta manera, la frontera entre México y los Estados Unidos es un campo de guerra que los carteles controlan y que el país del norte vulnera. Esa guerra y la actividad criminal de los bandos es política, pero es una guerra fraudulenta, ya que el filme da a entender que el objetivo final no es llegar a la paz y al equilibro social, sino el consumo de armas en una guerra interminable que unos creen ganar y otros resistir.
El mundo de la política es otra vez desenmascarado y se habla de una presencia invisible de cuello blanco: los fabricantes y proveedores de armas, cuya actividad primaria nadie sospecha y que pasan desapercibidos en nuestro mundo sin etiqueta de militares o criminales.
¿Son ellos los que, realmente, dirigen el gran teatro del mundo? Sicario, día del soldado me provoca reafirmar mi participación en la escritura de la narrativa literaria que intenta entender el narco, qué significa, qué relación tiene con nuestra historia, cómo afecta nuestras vidas. Esa es una de las guerras que sí podemos luchar; así que invito a mis compañeros escritores
asimismo a realizarla.

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