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CRIMEN Y CASTIGO (Primera Parte)

POR: Fernando Fabio Sánchez

twitter@fernofabio

Crimen y castigo fue publicada en 1866 y fue escrita por Fiódor Dostoievski. El escritor había nacido en 1821, de manera que contaba con más de 40 años cuando creó ésta, su inicial obra maestra. La siguiente columna es la primera de una serie de comentarios, surgidos al vuelo de la lectura de este libro intrigante y maravilloso. Se invita al lector a buscar una copia de Crimen y castigo y avanzar por sus páginas conmigo.
La novela narra la historia de Rodión Raskólnikov, un estudiante de San Petersburgo que a causa de la miseria se ve obligado a suspender sus estudios. Pobre y aislado, como un taxi driver deniriano, construye en su mente una filosofía que divide a los seres humanos en dos categorías: aquellos que deben acatar las leyes y aquellos que son superiores y que pueden realizar crímenes por el bien de la sociedad; es decir, eliminar a algunos del primer grupo.
Raskólnikov mata con un hacha a una vieja usurera. En esa sección de la primera parte, el realismo nos hace entrar en la brutalidad humana, y muchos de nosotros sabremos lo que es el crimen, desde los golpeteos del corazón en la cabeza y la ejecución sangrienta, hasta la llegada del miedo y la detonación en el alma de lo imprevisto. Matar no es cualquier cosa.
No podemos dejar pasar el hecho de que Dostoievski nació el mismo año que el Primer Imperio Mexicano. Por los años que escribía la novela en el mundo dominado por los Zares, México sufría una intervención por parte de Francia, y se establecería el Segundo Imperio Mexicano.
Y es que lo primero que sorprende es la modernidad técnica de Crimen y castigo. El escritor ruso descubrió el poder del monólogo interior, de la descripción tanto de acciones como de elementos de la puesta en escena, incluyendo la descripción física y psicológica de los personajes, y de la cita directa de documentos (cartas, etc.) y soliloquios, que nos hacen pensar en escritores del siglo XX. En México encuentra un alma afín en Rodolfo Usigli, en especial en su novela Ensayo de un crimen (1944).
Pero el crimen ocupa relativamente pocas páginas. Porque, como diría Neruda, tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Raskólnikov, recluido en su casa y acosado por las voces de su conciencia, se dice, terminó el crimen, ahora empieza el castigo. CONTINUARÁ.

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